miércoles, 23 de mayo de 2012

Suicidio en la niñez y adolescencia, un grave tema del que muy poco se habla Primera parte


Artículo publicado en Revista Opción Médica del mes de mayo


El problema del suicidio en general y el de los niños y adolescentes en particular, es un grave tema que involucra no solo a la Salud Pública sino también a una multiplicidad de actores que van desde la familia hasta las autoridades nacionales y del que, lamentablemente, muy poco se habla. Es más, creo no equivocarme si digo que la opinión pública en general tiene una idea poco precisa de la gravedad que el problema tiene en nuestro país en particular. Uruguay se encuentra en estos momentos en el Tercer Grupo de Países con una tasa de 13.2 suicidios por cada cien mil habitantes, lugar que comparte con países como Japón, Suecia, Noruega o Estados Unidos, que en el imaginario colectivo aparecen como peores que el nuestro en ese sentido. Y lo que es peor aún, se viene observando un incremento a nivel mundial del número de suicidios por año y nuestro país no escapa a esta triste y preocupante realidad.
¿Y por qué, si es una realidad tan preocupante, se habla tan poco del tema? Creo que, entre otras cosas, el suicidio está muy emparentado con la muerte y en especial con una de sus más inquietantes versiones, la muerte violenta, y lamentablemente en nuestra cultura, este sigue siendo un tema tabú. Pero además, existen muchos mitos al respecto que carecen de evidencia científica pero que siguen jugando a la hora de encarar el tema como la idea de que el hablar del suicidio pudiera incrementar el riesgo y que por ende se incremente el número de intentos. Por otra parte, hay quienes creen que este es un tema exclusivo para los técnicos y que quienes no lo son pueden llegar a empeorar el problema o demorar la asistencia especializada. Por mi parte creo que todos en general y los educadores y trabajadores de la Salud en general, debemos estar capacitados para la detección de aquellas señales que pueden evidenciar un riesgo suicida y para la prevención de este tipo de episodios.
Lamentablemente la Vida en general y la humana en particular, parece estar perdiendo valor día a día. Vivimos en un mundo que privilegia el tener al ser y donde lo material parece tener más importancia que la vida misma. Por eso, el re valorizar la vida propia y la de los demás, es uno de los aspectos más importante a trabajar si queremos modificar esta realidad. Como dice el Dr. Sergio Pérez Barrero, uno de los principales especialistas a nivel mundial en el tema del suicidio, “aprender a cuidar la única vida que tenemos es una cualidad que debe ser desarrollada desde la más temprana infancia” pero además, “padres, madres y otros familiares, maestros y profesores deberían estar capacitados para detectar el posible acto suicida y evitar que ocurra”. Por otra parte, el Dr. Pérez Barrero sostiene también que “dotar a los adolescentes de literatura científica que aborde el tema y su prevención, pudiera ser de utilidad no despreciable pues podría ayudarles a ellos mismos y a sus iguales frente a una situación de crisis suicida”.
En nuestro país, el Programa Nacional de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública elaboró en 2007 las “Guías de Prevención y Detección de Factores de Riesgo de Conductas Suicidas” que está disponible en internet para todo el que quiera acceder a ellas.
A diferencia de lo que comúnmente se cree, el suicidio no ocurre generalmente como un impulso, sino que debe interpretarse como un proceso que tiene una historia, “se trata de una decisión largamente pensada, analizada, desechada y retomada en múltiples ocasiones para poner fin a una vida, en la que el suicidio es un síntoma más, el último, de una existencia infeliz” (Pérez Barrero), por lo que, si bien existe una multiplicidad de factores que son individuales y que varían de persona a persona, es de suma importancia conocer los factores de riesgo más comunes presentes en la conducta suicida.
Antes de entrar de lleno en lo específico de la conducta suicida en niños y adolescentes, creo importante detenerme un instante en la descripción de las distintas manifestaciones del comportamiento suicida.
En primer lugar tenemos el deseo de morir que nos habla de la disconformidad del sujeto con su vida actual y que manifiesta a través de frases del tipo de “lo que quisiera es morirme”, “mi vida no tiene sentido” o “por qué no me moriré de una vez”.
De allí pasamos a la representación suicida en la que el individuo tiene imágenes mentales de su propio suicidio.
El siguiente punto son las ideas suicidas que consisten en pensamientos del sujeto de terminar con su vida y que pueden, a su vez ser de las siguientes formas:
-          Idea suicida sin un método específico.
-          Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado.
-          Idea suicida con un método específico no planificado.
-          El plan suicida o idea suicida planificada.
La amenaza suicida, que por lo general la persona expresa a personas estrechamente vinculadas con él y que harán lo posible por impedirlo, debe considerarlo como un pedido de ayuda y es fundamental que sea atendido y no negado ni menospreciado.
Cuando el individuo realiza el ademán de realizar un acto suicida, aunque por lo general este no conlleve daños relevantes, estamos frente a un gesto suicida, que igualmente debe ser considerado muy seriamente.
El Dr. Pérez Barrero define el intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada, como “aquel acto sin resultado de muerte en el cual un individuo deliberadamente, se hace daño a si mismo”.
Existen una serie de conductas de riesgo que, aunque sin que exista un deseo consciente de muerte, pueden llevar a ella. Son las llamadas conductas parasuicidas. Un buen ejemplo de ellas son las muy de moda últimamente, carreras de moto donde los conductores buscan cruzar con luz roja sin tener en cuenta ni sus vidas ni las de las personas que eventualmente pudieran cruzar en ese momento.
Cuando el acto suicida, de no haber mediado situaciones fortuitas, inesperadas o casuales, hubiese terminado con el resultado de la muerte del individuo, estamos frente a un suicidio frustrado.
Muchas veces el sujeto no tiene una verdadera intención de morir pero el desconocimiento de los verdaderos efectos del método empleado o complicaciones posteriores que el individuo no previó, llevan a un resultado de muerte. En estos casos estamos frente a lo que se da en llamar suicidio accidental. Este es un buen ejemplo de por qué es tan importante no desvalorizar ni dejar de considerar ninguna conducta parasuicida o gesto suicida, siempre puede haber un error en los cálculos y lograrse un resultado no buscado.
Por último tenemos el más grave de todos estos comportamientos, el suicidio intencional, y consiste en cualquier lesión auto infligida deliberadamente por el individuo con el propósito de morir y que tiene como resultado la muerte.
Como decía más arriba, todos estos comportamientos deben ser tomados con absoluta responsabilidad y se les debe brindar toda la atención posible.
Respecto a los adolescentes, es muy frecuente encontrar en ellos ideas suicidas sin que ello constituya un peligro inminente para sus vidas salvo que exista una planificación o se asocie a otros factores de riesgo, en cuyo caso adquirirían carácter mórbido y podrían derivar en un acto suicida. Por otra parte, esta es una franja etaria donde se viene observando un aumento de los intentos de suicidio o auto eliminación y especialmente en adolescentes mujeres. Soy coordinador del Grupo para familiares de usuarios que hayan hecho un Intento de Auto Eliminación (IAE) en una de las más grandes Instituciones de Asistencia Médica Colectiva del país y la mayoría de los casos que han pasado por el grupo, corresponden a adolescentes de entre 12 y 18 años, en su mayoría mujeres.
Pasemos ahora a considerar lo que tiene que ver con los factores de riesgo de las conductas suicidas en la franja etaria que estamos considerando.
La Guía de Prevención y Detección de Factores de Riesgo de Conductas Suicidas, elaborada por el Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública, divide estos factores en cuatro tipos,
-          Leve, cuando no hay una intención evidente aunque si ideación suicida y además estamos frente a un sujeto que rectifica su conducta y es capaz de autocrítica.
-          Moderado, cuando a los planes suicida, aunque estos no sean claros, se agregan factores de riesgo adicionales o posibles antecedentes de intentos previos.
-          Grave, cuando existe por parte del sujeto una preparación concreta, pero además, existen más de dos factores de riesgo, algún intento previo, expresa desesperanza, no rectifica sus ideas y rechaza apoyo social.
-          Extremo, cuando nos enfrentamos con un sujeto que lo ha intentado varias veces anteriormente pero además, está expuesto a varios factores de riesgo. En estos casos pueden estar presentes como agravante conductas auto agresivas.
A su vez, los factores de riesgo pueden dividirse básicamente en tres tipos distintos aunque generalmente, íntimamente relacionados entre sí, sociales, familiares e individuales.
Pero comencemos por los niños. Es recién a partir de los 5 o 6 años, que el niño comienza a considerar a la muerte como un suceso universal e inevitable y que por lo tanto le va a ocurrir a todos, inclusive a él. Concomitantemente con esto, el niño también puede desarrollar la idea del suicidio. Y es en el medio familiar donde los factores de riesgo pueden ser más fácilmente detectados. Lamentablemente, es allí precisamente donde se dan también los mayores factores de riesgo. Un clima emocional familiar caótico, donde impere un clima de violencia, ya sea física o psicológica, donde exista abuso sobre el niño o donde alguno de los progenitores sufra alguna enfermedad mental, presenta un terreno fértil para la aparición de este tipo de conductas. Como dice el Dr. Pérez Barrero, “la violencia contra los niños, en cualquiera de sus formas, contribuye a la aparición de rasgos que predisponen a la realización de actos suicidas así como a la propia violencia, impulsividad, baja autoestima, dificultades de relacionamiento con personas significativas y desconfianza”.
En el otro extremo, la sobre protección, la permisividad o la falta de autoridad, genera niños caprichosos, demandantes, poco tolerantes a la frustración, manipuladores o egocéntricos, generando problemas de adaptación desde la primera infancia que tienden a recrudecer en la adolescencia.
A propósito de lo anterior, quiero detenerme un momento en un tema nada menor, sobre todo cuando hablamos de niños y adolescentes, los límites. Es muy común observar la enorme dificultad que este tema plantea tanto para los niños y adolescentes como para sus padres y referentes. Tengo la teoría de que esa dificultad tiene que ver en parte, con el hecho de que, muchos de quienes son padres hoy, son (somos) “hijos de la dictadura”. Esa época dejó en nuestra sociedad profundas huellas en todos los aspectos, y en este en particular, como toda época en donde la represión y el autoritarismo están tan presentes, el movimiento pendular lleva que, al terminarse, la tendencia natural sea ir hacia el otro extremo. Basta recordar lo que fueron los movimientos como el “Destape” español que siguió a la dictadura de Franco, para tener un claro ejemplo en ese sentido. Es decir, somos una generación que vivió de forma muy fuerte lo que era la imposición de límites, la mayoría de las veces muy arbitrarios, y eso pudo haber generado en nosotros tanto rechazo, que nos haya dificultado enormemente la puesta de límites claros a nuestros hijos. No debemos olvidar que los límites no solo limitan, también contienen. Sin un vaso, nos sería imposible poder tomar agua. El vaso es un límite para el agua, pero a su vez la contiene. Sin límites estaríamos perdidos. Y eso es lo que ocurre con muchos niños y adolescentes. Ante la falta de límites se sienten perdidos, desorientados, sin contención. El adolescente por naturaleza va a ir contra los límites, de esa forma es que va formando su personalidad, pero sin ellos, no tiene contra qué luchar. Muchas veces en esa lucha, lo que busca es precisamente sentir que están allí, y de esa forma, sentirse contenido. Por todo esto creo que esa falta es un gran factor de riesgo en esta edad, y trabajar en ello es imprescindible para una efectiva prevención.
En cuanto a los motivos que pueden desencadenar una crisis suicida en los niños, entre los más frecuentes el Dr. Pérez Barrero destaca:
-          Presenciar acontecimientos dolorosos como el divorcio de los padres, la muerte de seres queridos, de figuras significativas, el abandono, etc.
-          Problemas en las relaciones con los progenitores en los que predomine el maltrato físico, la negligencia, el abuso emocional y el abuso sexual.
-          Problemas escolares, sea por dificultades del aprendizaje o disciplinarios.
-          Llamadas de atención de carácter humillante por parte de padres, madres, tutores, maestros o cualquier otra figura significativa, sea en público o en privado.
-          Búsqueda de atención al no ser escuchadas las peticiones de ayuda en otras formas expresivas.
-          Para agredir a otros con los que se mantienen relaciones disfuncionales, generalmente las madres y los padres.
-          Para reunirse con un ser querido recientemente fallecido y que constituía el principal soporte emocional del niño o la niña.
Como podrán observar, todos estos desencadenantes también podrían estar presentes en la vida de niños que nunca tomarían la decisión de atentar contra sus vidas, sin embargo, en niños con características como las que se describían más arriba, son motivo suficiente para desembocar en una crisis.
Ahora bien, como también decíamos más arriba, generalmente estas crisis no se dan de manera inesperada, sino que son antecedidas por una serie de cambios en la conducta del niño que nos pueden alertar acerca de los que se está gestando. Estos cambios pueden ser de lo más variados y algunos ejemplos pueden ser, tornarse agresivos o pasivos en su comportamiento tanto en la casa como en la escuela, cambios en sus hábitos alimenticios y del sueño, enuresis, apatía, falta de interés en la participación de actividades con sus pares, repartición de sus objetos valiosos o realización de notas de despedida.
En la segunda parte de este artículo intentaré abordar cuál es la forma adecuada de pararnos, tanto los técnicos que trabajamos en el tema, como los padres, demás familiares, maestros, profesores y toda persona significativa en la vida del niño o adolescente que asume la actitud de intentar contra su vida; de todas formas, me parece importante adelantar que todos estos signos que pueden presagiar una conducta suicida deben ser tomados con la mayor seriedad y nunca deben ser menospreciados ni tomados como un simple llamado de atención o intento de manipulación.
Pasemos ahora a los factores de riesgo para la conducta suicida en los adolescentes.
El Dr. Pérez Barrero sostiene que “los problemas socioeconómicos, los bajos niveles educacionales y el desempleo son factores de riesgo para el comportamiento suicida pues limitan la participación social activa del adolescente, impiden la satisfacción de las necesidades más elementales y coartan la libertad de quienes los padecen”. No puedo estar más de acuerdo con estos conceptos. Vivimos en una sociedad que lejos de favorecer la inclusión, (aunque si lo hace en el discurso) genera, sobre todo en los adolescentes, niveles muy grandes de frustración y desesperanza. Me parece muy sintomática esta realidad que quedó en evidencia hace un tiempo atrás a raíz de lamentables sucesos, de grupos de adolescentes que se reúnen a las puertas de un conocido Centro Comercial emulando la frase del conocido tango “Cafetín de Buenos Aires”, “la ñata contra el vidrio” que hace referencia al chico que mira desde afuera del bar a los que están dentro, un mundo que admira pero al que no puede acceder. Estamos constantemente bombardeados desde los medios por estímulos que nos muestran todo lo que “necesitamos” para ser felices pero a lo que posiblemente una gran porción de nuestra población no va a poder acceder nunca. Los medios hablan hasta el cansancio de los “indicadores macroeconómicos” altamente favorables que tiene nuestro país y de los muy bajos niveles de desempleo que tenemos actualmente, sin embargo, las cifras oficiales hablan de que existen más de 800.000 uruguayos que ganan menos de $ 10.000,00 pesos al mes, y la gran mayoría son jóvenes. Por otra parte, basta observar los avisos clasificados cada domingo para observar las cada vez mayores exigencias que se requieren para acceder a los distintos empleos. A su vez, los altos niveles de deserción escolar que se da en las franjas de población más deprimidas, implican que muy pocos de esos jóvenes van a poder acceder a empleos de buena calidad y por ende a niveles de bienestar económico y social. Y todo esto no hace más que generar altos niveles de insatisfacción y frustración.
En este mismo sentido, el fenómeno de la migración, tanto interna como externa, puede traer aparejado en el adolescente con tendencia suicida, un importante factor de riesgo cuando no se logra  adaptar al nuevo entorno o las expectativas generadas por tan movilizante movimiento, no se ven cumplidas.
Al igual que en el caso de los niños, la situación familiar del adolescente, en tanto le genere infelicidad o le obstaculice su crecimiento emocional, puede constituirse en un importante factor de riesgo. En ese sentido, todos los motivos que veíamos en los niños como desencadenantes, también se aplican a los adolescentes. Siguiendo al Dr. Pérez Barrero podríamos agregar además,
-          Consumo excesivo de alcohol, abuso de sustancias u otras conductas disociales de alguno de los miembros de la familia.
-          Pobre comunicación entre los integrantes de la familia.
-          Separación de los progenitores por muerte, separación o divorcio.
-          Frecuentes cambios de domicilio a diferentes áreas.
-          Rigidez familiar con dificultades para intercambiar criterios con las generaciones más jóvenes.
-          Situación de hacinamiento, lo que en ocasiones se traduce en la convivencia de varias generaciones en un espacio reducido, lo cual impide la intimidad y la soledad creativa de sus miembros.
-          Dificultades para demostrar y recibir afectos en forma de caricias, besos, abrazos y otras manifestaciones de ternura.
-          Autoritarismo o pérdida de autoridad entre los progenitores, así como inconsistencia de la autoridad, permitiendo conductas que han sido anteriormente reprobadas. Entran aquí también las contradicciones entre los progenitores a la hora de la puesta de límites y los dobles mensajes.
-          Incapacidad de los progenitores para escuchar las inquietudes del adolescente y desconocimiento de las necesidades biopsicosociales.
-          Incapacidad de apoyar plena y adecuadamente a sus miembros en situaciones de estrés.
-          Exigencias desmedidas o total falta de exigencia con las generaciones más jóvenes.
-          Situaciones de conflicto entre los padres, estén éstos separados o no, donde el adolescente es utilizado como rehén y donde se busca realizar alianzas con el adolescente de parte de un padre en contra del otro.
-          Incapacidad para abordar los temas relacionados con la sexualidad del adolescente, la selección vocacional y las necesidades de independencia.
Un aspecto muy importante a considerar cuando hablamos de suicidio, es el que tiene que ver con la psicopatología. El Dr. Pérez Barrero sostiene que la casi totalidad de las personas que se suicidan son portadoras de una enfermedad mental diagnosticable. Los adolescentes no escapan a esta realidad. De hecho, es muy importante, en el caso de los niños y adolescentes, indagar en los motivos del intento suicida porque bien podría tratarse del debut en un trastorno mental severo como la esquizofrenia.
Los trastornos más comunes en los adolescentes que se suicidan o que intentan hacerlo son:
-          Depresión
-          Trastorno de ansiedad
-          Abuso de alcohol y/o drogas
-          Trastornos incipientes de la personalidad
-          Trastorno de la alimentación
-          Trastorno Esquizofrénico
Se ha observado que los adolescentes deprimidos o con trastorno de ansiedad son más proclives a la realización de intentos de autoeliminación que los adultos. Por otra parte, uno de cada cuatro adolescentes que se suicida lo hace bajo los efectos de alcohol, drogas o la combinación de ambos.
Por último, me parece importante destacar una serie de rasgos de personalidad que el Dr. Pérez Barrero considera como factores de riesgo de conductas suicidas en los adolescentes:
-          Inestabilidad de ánimo
-          Conducta agresiva hacia si mismo o los demás
-          Conducta disocial
-          Elevada impulsividad
-          Rigidez de pensamiento y terquedad de la conducta
-          Pobres habilidades para resolver problemas
-          Incapacidad para pensar de manera realista
-          Fantasías de grandiosidad alternando con sentimientos de inferioridad
-          Sentimientos de frustración
-          Manifestaciones de angustia ante pequeñas contrariedades
-          Elevada autoexigencia que rebasa los límites razonables
-          Sentimientos de ser rechazado por los demás, incluyendo los padres u otras figuras significativas
-          Vaga identificación genérica y orientación sexual deficiente
-          Relación ambivalente con los progenitores, otros adultos y amigos
-          Antecedentes de haber realizado una tentativa de suicidio
-          Frecuentes sentimientos de desamparo y desesperanza
-          Frecuentemente se sienten heridos ante la más mínima crítica
En el próximo número intentaré plantear de qué forma podemos pararnos cuando nos encontramos ante una crisis suicida de un adolescente.





Bibliografía recomendada:
“¿Cómo evitar el suicidio en adolescentes?” Prof. Dr. Sergio Andrés Pérez Barrero
El Dr. Pérez Barrero es: Profesor Titular Especialista de 1er y 2do Grado en Psiquiatría.
Fundador de la ONG A.C. Red Mundial de Suicidiólogos
Presidente de la Sección de Suicidiología de la Sociedad Cubana de Psiquiatría.
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría.
Miembro del Grupo de la OMS para la Prevención del Suicidio.
Asesor Temporal de la OPS/OMS para la Prevención del Suicidio en Las Américas.

Guías de prevención y detección de factores de riesgo de conductas suicidas Ministerio de Salud Pública - Dirección general de la salud - Programa Nacional de Salud Mental

martes, 17 de enero de 2012

APUNTES ACERCA DEL NUEVO PLAN DE SALUD MENTAL DEL MINISTERIO DE SALUD PUBLICA EN EL SISTEMA NACIONAL INTEGRADO DE SALUD


El primero de setiembre de este año entró en vigencia en todas las Instituciones que integran el Sistema Nacional Integrado de Salud, el nuevo Plan de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública que, a mi modesto entender implica una verdadera revolución en lo que tiene que ver con este aspecto tan importante de la salud integral de las personas, y en la forma que hasta ahora se había abordado desde las Instituciones de Asistencia Médica.
Ya en mi artículo del mes de febrero de este año me había referido al tema pero enfocado específicamente a la que había sido, hasta la entrada en vigencia de este nuevo plan, nuestra experiencia en el Servicio de Atención Psicoterapéutica de Médica Uruguaya, que, aunque me comprendan las generales de la ley porque integro ese Servicio desde hace muchos años, ha sido realmente pionero en este tipo de atención.
¿Y qué es lo novedoso de este nuevo plan?
Antes que nada, quiero dejar sentado que el orden en que voy a expresar lo siguiente no implica una jerarquización, y puede que queden aspectos que se me escapen en la enumeración.
En primer lugar, me gustaría destacar como un aspecto sumamente relevante, la universalización de este Plan dado que es obligatorio para todas las Instituciones que funcionan en la órbita del SNIS, por lo que está destinado a una cantidad enorme de usuarios que se benefician con estos nuevos servicios, muchos de los cuales, como la psicoterapia, les estaban vedados, entre otras, por razones económicas. Es importante destacar que si bien el Plan del MSP fija poblaciones prioritarias, a las que me referiré más adelante en este artículo, al menos en la Institución en la que trabajo, ningún usuario que se presente a solicitar el servicio, queda excluido de la atención.
En segundo lugar, este nuevo plan apunta a una atención integral que involucra la promoción, prevención primaria y tratamiento, pero además, y esto para mí es uno de los aspectos más novedosos y revolucionarios, no solo está destinado al usuario, sino también, con una variedad amplia de prestaciones, al núcleo familiar del mismo en un abordaje que implica una mirada sistémica imprescindible para la optimización de los objetivos. A modo de ejemplo, desde mediados del mes de setiembre, estoy coordinando un grupo para usuarios que tengan un familiar o vínculo cercano que haya hecho un intento de auto eliminación (IAE) en el último año.
Las distintas prestaciones que incluye este plan se dividen en tres Modos de abordaje con distintos objetivos específicos, población objetivo, metas y metodología. A su vez, estos Modos se diferencian según la franja etaria en dos tipos: Niños y Adolescentes por un lado y Adultos por otro.
En lo que refiere a Niños y Adolescentes, el Modo 1 implica atención en grupo, de carácter gratuito y de hasta 12 sesiones anuales y está dirigido a las siguientes poblaciones objetivo:
1. Padres (o familiares) con hijos en edad pre-escolar, escolar y adolescente (grupos – talleres de orientación en desarrollo y crianza).
2. Padres (o familiares o referentes afectivos) con hijos con discapacidad mental, física o trastornos del espectro autista.
3. Adolescentes (Espacios de intercambio).
4. Embarazadas primerizas.
5. Puérperas primerizas y/o pareja parental primeriza.
6. Madres dentro del primer año posparto con indicios de depresión.
7. Educadores y cuidadores de niños de la primera infancia (Grupos – talleres de orientación).
8. Niños con dificultades en la inserción escolar.
9. Niños con indicación de intervenciones quirúrgicas (psicoprofilaxis quirúrgica).
El Modo 2 implica atención individual, grupal o de familia de hasta 24 sesiones anuales y con un copago preestablecido, y está dirigido a:
1. Madres deprimidas en el primer año de vida del niño.
2. Niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje.
3. Niños y adolescentes con problemas situacionales y/o adaptativos: situaciones de violencia, abandono, pérdida de un familiar cercano o referente afectivo, separación de los padres, migración, dificultades de relación con pares, portadores de enfermedades crónicas e hijos de personas con enfermedades mentales severas y/o adicciones.
4. Niños que tengan una intervención quirúrgica de alta complejidad.
5. Niños y adolescentes con IAE.
El Modo 3 implica atención psicoterapéutica individual y/o grupal de hasta 48 sesiones con un copago menor al del Modo 2, para niños y adolescentes con:
1. Dificultades de aprendizaje específicas no resueltas en el Modo 2.
2. Situaciones de abandono, violencia sexual y/o intrafamiliar no resueltas en otros niveles del sistema de salud.
3. Discapacidad física, mental y trastornos del espectro autista. Para estos pacientes la prestación podrá extenderse hasta 144 sesiones.
4. Consumo problemático de sustancias psicoactivas (cocaína y pasta base de cocaína).
5. Trastornos disruptivos.
6. Trastornos del humor.
7. Trastornos de ansiedad.
En el caso de los Adultos, como decía más arriba, también existen tres Modos de atención, el Modo 1 implica la atención en grupo en forma gratuita y hasta 16 sesiones anuales y comprende a:
1. Familiares o referentes afectivos de personas con Uso Problemático de Sustancias.
2. Familiares de usuarios que tengan diagnóstico de Esquizofrenia o Trastorno Bipolar Grave.
3. Usuarios que hayan sufrido la muerte inesperada de un familiar.
4. Usuarios que tengan un familiar o un vínculo cercano que haya realizado un intento de autoeliminación (IAE) en el último año.
5. Personas en situación de violencia doméstica.
6. Docentes de enseñanza primaria que consulten por temáticas vinculadas a su actividad laboral.
7. Docentes de enseñanza secundaria y técnica que consulten por temáticas vinculadas a su actividad laboral.
8. Personal de la salud que consulte por temáticas vinculadas a su actividad laboral.
El Modo 2 implica atención psicoterapéutica individual, de pareja, familia o grupal de hasta 48 sesiones anuales con copago, para:
1. Usuarios con IAE.
2. Usuarios adolescentes y jóvenes a partir de los 15 años hasta los 25 años de edad inclusive y Docentes de enseñanza inicial, preescolar, primaria y de los Centros de Atención Integral a la infancia y la Familia (CAIF), docentes de enseñanza secundaria y técnica y trabajadores de la salud, que consulten por temáticas que no son las incluidas en el Modo 1.
Y el Modo 3, implica atención psicoterapéutica individual y/o grupal de hasta 48 sesiones anuales, que podrán renovarse hasta 144 sesiones y que tendrán un copago menor al establecido para el Modo 2, y está destinado para:
1. Usuarios con Consumo Problemático de Sustancias.
2. Usuarios con Trastornos Mentales Severos y Persistentes (TMSP).
Como decía más arriba, estas poblaciones objetivos incluidas en el Plan, son las que el MSP entiende como prioritarias en función de criterios de vulnerabilidad y riesgo, pero eso no implica que sean las únicas que tengan acceso a las prestaciones, al menos no es así en el Departamento de Psicología de Médica Uruguaya que integro y donde tratamos de dar cobertura a todos los usuarios que requiera atención. Cabe acotar además, que nuestra institución tiene una rica historia en cuanto a brindar prestaciones de este tipo a sus afiliados. Además de la atención psiquiátrica tradicional tanto para adultos como para niños y adolescentes, el Servicio de Psicoterapia,la atención psicológica a madres primerizas, Psicología Médica, equipos multidisciplinarios en atención a niños, adicciones, violencia doméstica, tabaquismo o Neuropsicología, sumado al Area de Internación Psiquiátrica propia, son algunos de los ejemplos de lo que Médica Uruguaya ha venido haciendo en materia de salud mental desde hace varios años y de hecho, nuestro Servicio de Psicología cuenta con un plantel extenso de psicólogos y psicoterapeutas. 
Un aspecto que creo merece destacarse porque implica un cambio muy importante respecto de lo que hasta ahora venía siendo usual en este tipo de servicios, es lo que tiene que ver con los mecanismos de acceso. El plan prevé que el  mismo sea de forma libre o por derivación. Hasta la entrada en vigencia del Plan, al menos en nuestra Institución, si un usuario quería acceder, por ejemplo, al Servicio de Psicoterapia, debía pasar indefectiblemente por una consulta en el Departamento de Psiquiatría, y era el Psiquiatra tratante quien, de considerarlo pertinente, planteaba la derivación. A partir de setiembre, el usuario puede solicitar directamente la atención en el Departamento de Psicología. Por otra parte, las derivaciones pueden provenir desde el equipo de salud o de los coordinadores de grupo del Modo 1.
Otro de los puntos importantes del Plan, es la implementación de Comités de Recepción que tienen como cometido la recepción de las demandas indistintamente para los distintos Modos, indicar la prestación o la derivación que considere pertinente y evaluar y resolver el reingreso o la renovación de la prestación en los casos correspondientes. Estos Comités deben estar integrados de forma interdisciplinaria y trabajar en equipo. Uno de sus miembros tiene que ser Médico Psiquiatra y otro Psicólogo o Licenciado en Psicología, pudiendo contar también con un Licenciado en Trabajo Social. Todos los integrantes deben contar con formación psicoterapéutica documentada y sólida experiencia clínica.
En Médica Uruguaya contamos con Comité para Niños y Adolescentes, para Adultos y se creo un Comité específico para Intentos de Autoeliminación. Integro uno de los Comités de Adultos en forma conjunta con la Dra. Leonor Fierro, Médico Psiquiatra. Mi formación es en Psicoterapia Gestáltica, especialidad a la que me dedico desde hace 17 años, mi compañera tiene una sólida formación psicoanalítica, además de una sólida formación en Adicciones y Comunidades Terapéuticas. Esta diferencia de formación, no sólo no ha sido un obstáculo, sino por el contrario, ha enriquecido notablemente nuestro trabajo. En el tiempo que llevamos trabajando juntos, el Comité comenzó a funcionar en los primeros días de setiembre y, en el caso del nuestro tiene una frecuencia bisemanal; nos hemos encontrado con usuarios con demandas claras y otras no tanto, con usuarios que deciden consultar por iniciativa propia y otros que vienen derivados por su Psiquiatra tratante, sin tener muy claro de que se trata todo esto. Nos hemos enfrentado a realidades sumamente diferentes desde todo punto de vista, por lo que nuestro trabajo viene siendo tan arduo como estimulante, y, en muchos de los casos, no sólo ha consistido en escuchar y atender la demanda del usuario para encontrar la prestación que a nuestro juicio se ajuste mejor a su caso, sino que además, en algunos hemos tenido que colaborar con el usuario a definir su demanda, y en otros, hemos debido realizar verdaderas intervenciones terapéuticas recibiendo, en la gran mayoría de los casos el reconocimiento y agradecimiento de los usuarios por haberse sentido escuchados y comprendidos.
Para finalizar, es claro que este Plan no es la panacea ni mucho menos. Es un Plan perfectible: seguramente la experiencia permitirá generar ajustes y cambios que lo amplíen y mejoren, pero sin duda implica un gran cambio respecto a lo que era la atención en Salud Mental en las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva. Y algo que no es menor, la implementación del Plan implica una importante oportunidad laboral para muchos colegas a la vez que permite el acceso a la consulta psicológica y psicoterapéutica a mucha gente a la que estaba vedada ya sea por dificultades de tipo económico como de mero prejuicio, entre otras cosas. 
Rafael Perandones
Psicólogo
Psicoterapeuta Gestáltico
Integrante del Departamento de Psicología de Médica Uruguaya


Fuente:  PLAN DE IMPLEMENTACIÓN DE PRESTACIONES EN SALUD MENTAL EN EL SISTEMA NACIONAL INTEGRADO DE SALUD - www.msp.gub.uy/andocasociado.aspx?5437,21193

viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Por qué fumamos?

Artículo publicado en Opción Médica de Agosto


Siempre me he preguntado qué es lo que hace que, a pesar de que hoy en día nadie desconoce las graves consecuencias para la salud que el fumar ocasiona, cueste tanto dejar el cigarrillo. Y en esto no podemos hacer distinciones. Ni por edad, ni sexo, ni clase social, ni nivel educativo, la dificultad para dejar de fumar atraviesa de forma trasversal toda la sociedad.
A lo largo de los años que trabajo en Tabaquismo, han venido a nuestra consulta desde adolescentes a personas de edad muy avanzada, desde personas que apenas terminaron la escuela a docentes universitarios. Es muy llamativo que dentro de los trabajadores de la salud, y aquí incluyo desde los administrativos o auxiliares de servicio, hasta los médicos, todavía existan tantos fumadores. En estos últimos años he estado, junto a las dos médicas con las que trabajo, a cargo de los cursos sobre tabaquismo en nuestra Institución en el marco de la capacitación que el Ministerio de Salud Pública exige impartir a todo el personal. Pero además, la gran mayoría de los que trabajamos en instituciones de asistencia médica tenemos contacto directo con los estragos que el tabaco genera en la salud de las personas. Sin embargo, basta pasar por las puertas de cualquier institución de este tipo para ver fumando a personas fácilmente identificables como personal de la misma.
Hace un tiempo llegó a nuestra consulta un médico, profesor grado 5 en la Facultad de Medicina, jefe de departamento en la institución en la que trabaja, que acababa de ser dado de alta de una internación a raíz de un accidente vascular que lo tuvo varios días internado en el CTI, que, a pesar de tener más que claro que el cigarrillo para él estaba absolutamente prohibido, no solo no había dejado de fumar, sino que luego de la internación, durante la que obviamente no fumó, estaba aumentando el consumo. Recuerdo claramente como me decía “yo sé todo lo que me va a decir, nadie sabe mejor que yo lo dañino que es el cigarrillo, ni nadie pelea más que yo para que sus pacientes dejen de fumar, pero no puedo con él”
La idea de que el tabaquismo es una adicción, si bien no es nueva, ho ha sido fácilmente aceptada. Hace unos 10 años participé de unas jornadas sobre tabaquismo en el Sindicato Médico del Uruguay y en una de las ponencias, dos colegas que trabajaban en esa institución contaron las resistencias que habían encontrado de parte de muchos médicos cuando, en medio de talleres sobre adicciones, habían incluido el tema. Y si eso pasaba entre los propios médicos, que podíamos esperar de la población en general. De hecho, aún hoy, con toda la información disponible al respecto, a muchos fumadores, por no decir a la mayoría, les rechina enormemente admitir la idea de considerarse un adicto.
En la institución en que trabajo, durante mucho tiempo compartimos el espacio físico con el equipo que trabaja con todas las otras adicciones y a más de un paciente no le causaba ninguna gracia compartir la sala de espera con otros adictos, entre otras cosas, porque no se identificaban con ellos.
Esta dificultad para asumir al tabaquismo como una adicción es una de las razones por las que le cuesta tanto a los fumadores solicitar ayuda para solucionar su problema, aunque por suerte, esta tendencia está cambiando y cada vez son más las personas que concurren a nuestras policlínicas de cesación para solicitar nuestros servicios.
A diferencia de lo que cree mucha gente, sobretodo los no fumadores, yo creo que esta es una de las adicciones más complejas que existen dada la multiplicidad de factores que intervienen en ella.
Muchas son las corrientes dentro de las Ciencias Humanas que plantean la necesidad de ver al hombre como un ser bio-psico-socio-cultural y yo agregaría, espiritual, donde todos estos aspectos interactúan de forma permanente sin que ninguno sea más importante que el otro y donde, al decir de la Psicología de la Gestalt, “el todo es más que la suma de las partes”. Pues bien, la adicción al tabaco involucra todos esos aspectos y de eso es de lo que me ocuparé en las próximas líneas.

Bio

Sabido es que la nicotina es una de las sustancias más adictivas que existen. Hoy día se habla que la única que la superaría en este sentido es la pasta base de cocaína. La adicción a la nicotina cumple con todos los requisitos exigidos por ejemplo, por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos Mentales conocido como DSM-IV dado que, en primer lugar, el individuo continúa consumiendo a pesar de reconocer los problemas que esta sustancia le causa, pero además, existe un padrón de autoadministración repetida que lleva a la aparición de los fenómenos de tolerancia, síndrome de abstinencia ante la supresión del consumo y consumo compulsivo de la sustancia.
La eficacia de la nicotina está dada, entre otras cosas, por la rapidez de su efecto. La nicotina inhalada en el humo del cigarrillo, tarda de 8 a 10 segundos en llegar al cerebro y lograr su efecto. Una vez allí, es captada por los receptores nicotínicos, neurotrasmisores ubicados en el encéfalo, en el nucleo accumbens, llamado también “centro de placer” y que es donde actúan las demás drogas psico activas  y en el locus ceruleus, estimulando la liberación de dopamina y noradrenalina y generando de esa forma los efectos placenteros y de sedación que implica este consumo.
Ahora bien, de la misma forma que una vez inhalada, los efectos de la nicotina son prácticamente instantáneos, también pasan muy rápido, por lo que, al poco tiempo, el fumador necesita volver a consumir para restablecer el equilibrio que estos efectos generan en él.
Por otra parte, cuanto más fuma una persona, más receptores nicotínicos activa, por lo que la nicotina de un cigarrillo tiene un menor rendimiento en su cerebro y por ende necesita aumentar el consumo.
Y aquí es donde observamos los tres fenómenos arriba mencionados. El organismo originalmente no está preparado para recibir la nicotina y por eso los primeros cigarrillos generalmente nauseas o mareos, pero rápidamente se genera la tolerancia con la cual estos síntomas desaparecen y crece la necesidad de consumo.
Si el organismo deja de recibir nicotina y por lo tanto disminuye la concentración en sangre de la sustancia, aparece el llamado síndrome de abstinencia, con síntomas como el “craving” o deseo irresistible por fumar, estado de ánimo disfórico o depresivo, insomnio, irritabilidad, frustración o ira, ansiedad, dificultades de concentración, inquietud o impaciencia, disminución de la frecuencia cardíaca o aumento del apetito o deseo de dulces que puede llevar al aumento de peso, todo lo cual genera problemas en prácticamente todos los aspectos de la vida de la persona. Y todo esto lleva al tercer requisito necesario para definir la adicción, el consumo compulsivo. Todo esto implica un verdadero “circuito de recompensa”: consumo – efecto – (tolerancia)- perdida de los efectos – (síndrome de abstinencia) – necesidad de volver a consumir (compulsión).
La adicción a la nicotina es definida por la Organización Mundial de la Salud como una “enfermedad crónica con tendencia a la residiva (recaída) y esto se debe en gran medida, al hecho  de que, una vez que las personas dejan de fumar, los receptores nicotínicos quedan en estado de latencia, por lo que, basta que ingrese nuevamente nicotina al organismo para que todo el circuito se vuelva a activar. Por eso es de fundamental importancia que el fumador tenga muy claro que, una vez que logra la abstinencia, tiene que evitar la primer pitada.

Psico

Desde el punto de vista psicológico, la adicción al tabaco implica una multiplicidad de factores.
Por un lado tenemos los aspectos comportamentales. Una de las características que tiene la conducta de fumar, es que rara vez se realiza sola. Generalmente se fuma mientras se toma mate, se lee, se trabaja en la computadora, se mira la TV, se espera el ómnibus, se va al baño. La lista es interminable. Y esto hace que se generen reflejos condicionados donde la realización de cualquiera de esas conductas dispara automáticamente el deseo de fumar. Por eso, en todo tratamiento en que deseemos obtener resultados realmente sustentables, es fundamental trabajar para detectar y romper todas esas asociaciones o condicionamientos.
Pero no solo las conductas se asocian a la de fumar, también las emociones, y entonces, fumamos cuando estamos ansiosos o aburridos, cuando estamos tristes, pero también cuando estamos contentos. Tanto se fuma en un velorio como en una fiesta, cuando estamos ansiosos esperando una llamada importante o a alguien que no llega, como cuando estamos en un asado con amigos o cuando miramos la puesta del sol en la rambla junto a la persona amada.
Y para complejizar aún más el problema, mucho es lo que los fumadores depositan en el cigarrillo. Para muchos el cigarrillo es una herramienta de afrontamiento, la persona se siente más segura si al estar frente al alguien que le genera ansiedad, tiene un cigarrillo entre los dedos. Para otros es una compañía. Es común observar como las personas que viven solas tienden a fumar más en la tardecita o en la noche, cuando la soledad se hace más notoria.
Un cigarrillo muy común es el que encontramos, sobre todo en las mujeres, al final del día, cuando termina la jornada y ya está todo pronto para el nuevo día, acompañando el momento de relax y distención previo a ir a descansar.
En estos casos, es fundamental lograr que la persona tome contacto con que lo que en realidad necesita es ese momento y que el cigarrillo no es más que la excusa para tenerlo, y de esa forma, lo mantenga sustituyendo el cigarrillo por algo que le resulte igualmente gratificante.
Algo similar se observa, por ejemplo, en personas que tienen actividades muy estresantes por lo que cada tanto necesitan un corte y el salir a fumar le brinda la excusa perfecta. Obviamente, si efectivamente queremos que la persona deje al cigarrillo, es fundamental ayudarle a concientizar estos mecanismos y que pueda satisfacer su verdadera necesidad dejando de lado la excusa.
Un aspecto sumamente importante que involucra tanto lo orgánico como lo psicológico, es lo que tiene que ver con la cesación del consumo y el aumento de peso. Como veíamos más arriba, este es uno de los síntomas que incluye el síndrome de abstinencia. Si bien es real que la nicotina tiene un efecto anorexígeno, no es menos importante el problema de la ansiedad que la persona antes canalizaba por el cigarrillo y que, al estar en abstinencia, es muy fácil caer en la tentación de canalizar a través de la comida, que, al igual que la nicotina, también entra por la boca. No debemos olvidar además el hecho de que por lo general las personas sienten verdadero placer al fumar y posiblemente no lo dejarían si no les hiciera daño, por lo que la cesación implica un verdadero sacrificio y por lo tanto la persona necesita alguna forma de gratificación y la más fácil y rápida de conseguir es precisamente la comida. Y para peor, los alimentos que más gratifican son justamente los que más engordan.
En resumidas cuentas, la adicción psicológica exige no solo un cambio a nivel de las conductas, sino también, un verdadero cambio a nivel de la conciencia de la persona para que la abstinencia sea efectivamente sustentable.

Socio

Todos los estudios son coincidentes en el hecho de que la edad de inicio del consumo oscila entre los 13 y los 16 años. Un poco antes en los varones, un poco después en las mujeres, todo apunta a indicar que el inicio del consumo coincide con la entrada en la adolescencia y el ingreso a la enseñanza secundaria, con todo lo que ello implica desde el punto de vista evolutivo. Esta es la etapa además donde lo social pasa a tener un peso determinante en la adquisición de determinadas conductas y donde los fenómenos de identificación con los iguales y necesidad de pertenencia al grupo son fundamentales en el desarrollo de la personalidad. Nuevamente aquí vemos como los diferentes aspectos de este problema como lo social, lo psicológico y lo cultural  se entrecruzan complejizando el abordaje del mismo.
Pero no solo en la adquisición de la conducta de fumar lo social tiene un lugar determinante, sino también en el mantenimiento de la misma. Por lo general el fumador tiende a aumentar notoriamente su consumo cuando está con otros fumadores. Hasta que entró en vigor la prohibición de fumar en lugares públicos, el consumo de las personas en, por ejemplo los lugares bailables, aumentaba significativamente. Lo mismo pasa en una reunión con amigos fumadores, en espectáculos al aire libre, etc. Algo que observo muchas veces en la consulta es la presión que sienten muchas personas cuando, al decidir dejar de fumar, tienen que decir que no a sus compañeros de trabajo fumadores cuando estos les invitan a “salir a fumar” en el descanso del trabajo. En muchos casos esa presión es realmente difícil de manejar y puede incluso ser decisiva en el éxito del tratamiento. Un elemento muy importante a tener en cuenta es que, hasta no hace mucho tiempo, la conducta de fumar no solo era socialmente aceptada, sino incluso estimulada. No podemos olvidar que hasta hace menos de cinco años, permanentemente éramos bombardeados con publicidad en todos los medios posibles, que trataba de convencernos que fumar era lo mejor que podíamos hacer para ser más felices, para ser triunfadores o tener éxito con el sexo opuesto. Y todo ese condicionamiento que todos estos estímulos van generando en la historia de la persona, no se erradica de un día para el otro.
Por suerte, la conciencia social que se ha ido generando en la población en los últimos años acerca del daño que el consumo de tabaco tiene para la salud y la reivindicación cada vez mayor de los no fumadores de su deseo de respirar un aire libre de la contaminación del humo de tabaco, va implicando cambios profundos en los padrones sociales. Por poner un ejemplo, cada vez son más las personas que deciden concurrir a clínicas especializadas como la nuestra a solicitar ayuda desafiando las opiniones de su entorno. Y otro, el trabajo que se viene haciendo, sobre todo con los niños, en los centros educativos, hace que cada vez más padres sientan la presión de estos y decidan de esa forma dejar el consumo.

Cultural

“Fumar es un placer genial sensual
fumando espero la mujer que yo quiero
tras los cristales de alegres ventanales
y mientras fumo mi vida no consumo
por que tocando el humo me suelo adormecer”

Dice la primer estrofa del tango “Fumando espero” de Juan Viladomat Masanas y Félix Garzo, que incluso tiene una versión grabada por la famosa actriz y cantante argentina de los 50´ Libertad Lamarque.
Quién no recuerda la ya mítica escena final de la película Casablanca en la que Humphrey Bogart observa el avión en que parte su amada Ingrid Bergman cigarrillo en mano. Este actor es reconocido, más allá de por su éxito y sus dotes actorales por ser un fumador empedernido. Incluso cuando fue tapa de la revista Time, fue retratado con un cigarrillo en la boca.
Muchas son las fotos emblemáticas donde Ernesto “Che” Guevara aparece con su clásico habano. Y esto son solo unos pocos ejemplos de cómo el cigarrillo es asociado a iconos de nuestra cultura. Se dice que, una vez que dejó de fumar, Paul McCartney solicitó que, Photoshop mediante, fuera eliminado el cigarrillo que tenía en su mano en la mítica foto en la cebra que sirve de portada al disco Abbey Road y seguramente no fue por un mero capricho.
El cigarrillo y el tabaco en general han estado íntimamente asociados a nuestra cultura. Es más, no debemos olvidar que la planta de tabaco es originaria de América y que su consumo está íntimamente ligado a las culturas autóctonas.
Por eso, la industria tabacalera ha apelado recurrentemente en sus publicidades a los iconos culturales siendo tal vez el ejemplo más emblemático el cowboy de la conocida marca Norte Americana prendiendo un cigarrillo montado en su caballo en maravillosos paisajes que nos remiten a sentimientos paz y libertad.
Aquí, en nuestro país, varias marcas apelaron con sus nombres a arquetipos muy caros a nuestra cultura.
Recuerdo nítidamente una publicidad que veía en mis primeros años de adolescencia de una marca que aún existe y que apostó, y sigue apostando, al público femenino. Este spot estaba ambientado a principios del siglo pasado y en ella una joven, elegante y muy bonita mujer, caminaba por las calles de una ciudad, entraba en una especie de café donde solo había hombres y ya sentada, generaba el estupor de los presentes al encender un cigarrillo. Eran finales de los 60 y principios de los 70, plena revolución sexual y de irrupción de los movimientos feministas, y en esa publicidad, una mujer desafiaba y dejaba estupefacto al “mundo de los hombres”. Esta marca no ha dejado nada librado al azar, desde el tamaño del cigarrillo hasta el empaque, todo ha sido pensado para captar el público femenino. Y ni que hablar de los eslóganes que se han usado en sus campañas a lo largo de los años. “Usted ha recorrido un largo camino, muchacha” de los años sesenta en una clara alusión a la lucha de las mujeres en la reivindicación de sus derechos, a “Es un asunto de mujeres”, o “Un cigarrillo hecho a tu medida”, son solo alguno de ellos.
Por eso, quienes trabajamos en tratamientos para lograr la cesación no podemos dejar de tener en cuenta los padrones culturales y de sub cultura que la persona que llega a nosotros maneja si queremos ser realmente eficaces en nuestra intervención.

Espiritual

Si bien este es un aspecto muy poco considerado, creo que no es menor y debe ser tenido en cuenta. Como decía anteriormente, el tabaco está íntimamente ligado a las culturas autóctonas de nuestro continente. Para estas tradiciones ancestrales, que además están teniendo un fuerte resurgir en estos tiempos, y nuestro país no escapa a ello, el tabaco es una planta sagrada que se utiliza en distintos rituales tanto de sanación como de comunicación con los demás y con la entidad superior.
Dentro de tradiciones como la Umbanda, el tabaco es considerado como una “hierba de poder” y es utilizado también aquí en distintos rituales de sanación y limpieza o como ofrenda.
He tenido oportunidad de participar en rituales de distintas tradiciones y observar el papel importante que el tabaco tiene en ellas.
Tal vez muchos estén familiarizados con la famosa “pipa de la paz” tan común en las películas del oeste americano como la clásica “Danza con lobos”, pero tal vez no todos conozcan la fuerte implicancia espiritual de este ritual.
En todas estas tradiciones espirituales existe el consenso de que el problema está en la profanación de esta planta sagrada que se produce con su industrialización y no en la planta en si. En los distintos agroquímicos que se utilizan en su cultivo intensivo o en las diferentes sustancias que se le agregan en el proceso industrial y que son las responsables de esas más de 4.000 sustancias tóxicas presentes en el humo y que son las que producen el verdadero daño a la salud.

Como es fácil observar, ninguno de estos aspectos debe considerarse de forma aislada. Como decía más arriba, “el todo es más que la suma de las partes”, y ninguno de estos elementos es más importante que el otro, por lo que debemos considerarlos seriamente si realmente queremos lograr resultados no solo eficaces sino también sostenibles en el tiempo.