lunes, 18 de julio de 2011

ALBERTO



Nota del autor: Este capítulo no estaba incluido en la edición original del libro que fuera publicada en Montevideo en febrero de 2004 debido a que en ese entonces aún no había tomado contacto con el protagonista del mismo y, por ende, no habían acaecido los sucesos que aquí se relatan. Dudé mucho si incluirlo o no, por un lado creo que Alberto y mi encuentro con él merecen un libro propio, y por otro, quería mantener el libro como una obra acabada. En cuanto al primer punto, llegué a la conclusión de que la inclusión de este capítulo para nada impide que en algún momento encare la realización de un proyecto más ambicioso. Pero lo más importante, creo que Alberto, con su sola presencia, y todo lo que mi encuentro con él ha generado, es perfectamente coherente con el contenido y espíritu original del libro y por lo tanto siento que lo enriquece.
Debo agradecer la inclusión del video a mi hija María Magdalena dado que es de su autoría.


   Hace un tiempo atrás llegó a mi consulta un joven de 17 años que llegó a mí por un problema de adicción a sustancias psicoactivas. Desde el primer momento quedó en evidencia la conflictiva relación que mantenía con sus padres separados desde que él era muy pequeño y que en gran medida lo había llevado al camino del que estaba intentando salir. Si bien había hecho progresos muy importantes que permitían alentar un buen pronóstico, le costaba mucho encontrar motivaciones que dieran sentido a su vida. En una sesión, me contó que antes de comenzar su recuperación, había sentido muchos deseos de quitarse la vida y que había pensado seriamente en hacerlo. Ante mi pregunta de qué sentía en esos momentos, me contestó que creía que ya había vivido todo lo que tenía para vivir, así que le pregunté si aún seguía pensando lo mismo a lo que me contestó que, si bien ya no pensaba en suicidarse, sí seguía creyendo que había vivido todo. Entonces recordé lo que tenía en mi bolsillo y así fue como tuvo en sus manos algo que probablemente nunca más vaya a ver y mucho menos tocar, una piedra de la Luna, traída a la Tierra por uno de los astronautas de la misión Apolo.
    La idea fue demostrarle en dos minutos cómo la vida es tan rica que siempre tiene algo nuevo para regalarnos y por lo tanto, nunca podremos decir que hemos vivido todo lo que teníamos a vivir mientras tengamos aliento. Una vez que me quedé solo, tomé la piedra en mis manos y mientras observaba su hermosura iba tomando contacto con la inconmensurble riqueza de la experiencia humana, nunca en mi vida había imaginado que iba a tener en mi poder durante una semana, un objeto de tamaño valor y mucho menos que iba a servir de herramienta terapéutica.
    Y recordé la noche en que con mis padres observábamos asombrados en el viejo televisor Silvania, a  Neil Armstrong dando su “pequeño paso para el hombre pero gran paso para la humanidad” ¿Cómo podía imaginar que, tantos años después, una de esas piedras que él estaba tocando iba a pasar por mis manos y servir para que un adolescente de este pequeño país comprendiera que la vida tendrá siempre algo con que sorprendernos y que eso es una de las cosas que la hacen más maravillosa? 
    Y la maravilla no está solo en haber sido portador momentáneo de esa bellísima piedra, sino en cómo ella llegó a mí.
    Mi primer contacto con Alberto Zapicán fue telefónico a fines del 2001. Poco tiempo antes había comenzado a padecer de una hernia de disco que si bien en esos momentos había comenzado a ceder en sus efectos, hubo épocas en que los dolores eran tan insoportables que no había analgésico que los calmara y me habían hecho temer seriamente en no poder volver a tener una vida normal. Fue a raíz de esto que Tere, una de mis más queridas amigas, me habló primero y facilitó el teléfono luego, de quien ella creía que podía ayudarme mucho. Poco tiempo después tengo una charla con otra querida amiga a la que no veía desde hacía un tiempo y cuando le comento de la recomendación de Tere, me cuenta que había estado con un problema muy importante de salud y que gracias a este hombre lo había superado de manera cuasi milagrosa, así que me decidí a llamarlo. Pero esa vez no tuve suerte, muy posiblemente el Intento había decidido que aún no era el momento. Pasó el tiempo, mi hernia fue molestándome cada vez menos, volví a tener una vida prácticamente normal, con algunas limitaciones que cuando me excedía me recordaban que mi adversaria seguía allí, hasta que, en la presentación de la primera edición de este libro, un querido amigo al que nunca hubiese asociado con Alberto, me habla de él y me expresa su deseo de ser quién nos presente. Pasó un año y los sincronísmos volvieron a marcarme el camino. Había comenzado a sufrir dolores de cabeza casi a diario y como he aprendido a conocer bastante bien los mensajes de mi cuerpo, entendí que era hora de buscar a alguien que me diera una mano. Concomitantemente tuve que ir a ver a este amigo con quién no estaba desde ese último encuentro y allí vi que era hora de volver a intentar el contacto con Alberto. Así que le pedí el teléfono a este amigo. Lo llamé y comenzó esta historia de la cual la piedra de la luna, el nuevo prólogo y esto que estoy escribiendo, son solo mojones de un camino que no tengo idea a donde llevará, ni cuan largo será, pero que hasta ahora ha sido absolutamente disfrutable y transformador.
    Como ya di cuenta en estas páginas, varios han sido los maestros y maestras que han pasado por mi vida dejando en mi diversas enseñanzas, pero si algo no esperaba al encarar este proyecto, es que encontraría a mi propio “don Juan”. Descendiente directo de charrúas, Alberto es un miembro activo de la nación indígena aunque, como el mismo dice, siempre ha estado con un pie en el mundo nativo y otro en el occidental. Alberto ha tenido una vida larga e intensa, va para los 85, parte importante de los cuales ha pasado viviendo en diferentes comunidades indígenas del continente. Es un verdadero sanador en todo el sentido de la palabra y puedo dar fe de ello sintiendo los efectos de su poder tanto en mi cuerpo como en mi alma.
    Ya desde nuestro primer encuentro Alberto “marcó la cancha”, como al pasar y sin estridencias iba diciéndonos a mi hija Silvina, que me acompañó ese día, y a mí, cosas que apuntaban a lo más profundo de nosotros mismos y que nos golpeaban directamente y lo más increíble, solo observándonos, sin que hubiésemos prácticamente hablado. Enorme fue mi asombro, por ejemplo, cuando con solo mirar a Silvina supo que al nacer había tenido problemas o de ciertos trastornos que la aquejaban para lo cual juntó unos yuyos que había a la vera del camino de ingreso a su casa para que se hiciera una tisanas que le han ayudado muchísimo, evidenciando que ve mucho más allá de la realidad aparente.
    Mucho es lo que hemos hablado y lo que ha hecho en nuestros encuentros, pero me interesa más que nada compartir algo que, además de lo que implicó para mi como aprendizaje, creo encaja perfectamente con el espíritu de todo lo que he venido desarrollando en estas páginas.
    En nuestro primer encuentro nos estaba hablando de su historia entre las dos culturas y de repente, como al pasar, como muchas de las cosas que él dice, dijo que la principal diferencia entre una y otra radica en que, en el mundo indígena, la gente se mueve “sin proyecciones ni expectativas, solo se vive”. Automáticamente sentí “¡esto es gestalt!, es precisamente lo que propone Perls”. El hecho es que Alberto conoce (¿?) muy poco de la Psicoterapia Gestáltica y mucho menos de su fundador, sin embargo, todo en él es sumamente gestáltico, y a su vez, también es profundamente castanediano. Nuevamente aparecen aquí los vínculos de conexión, los padrones que unen. Todo formando parte de la gran trama cósmica y yo ahí, disfrutando de todo ello.
    Pero volvamos al tema de las proyecciones y expectativas. Cuando el niño nace descubre que no puede satisfacer sus necesidades por si solo, no puede alimentarse solo, no puede trasladarse solo, si hace sus hace sus “necesidades fisiológicas” necesita quién lo limpie, etcétera, etcétera, y va descubriendo que todo eso que necesita está en el ambiente, en el mundo exterior, así que aprende a manipularlo. El llanto se convierte en su primer forma de comunicar sus necesidades al ambiente y, en la medida que va obteniendo satisfacción, el ambiente le va reforzando la idea de que ese es un medio válido. A medida que va creciendo va descubriendo que puede comenzar a satisfacer sus necesidades por si solo y también va descubriendo que muchas veces sus intereses se contraponen con los del mundo exterior y aparecen los primeros enfrentamientos. Es así como recuerda a su viejo aliado, el llanto, que, en la medida que no va dando resultados, se va convirtiendo en berrinche en todas sus variantes, incluido el famosos “espasmo del sollozo” que tan en jaque coloca a los padres.
    Concomitantemente con esto va aprendiendo que no solo él pretende cosas del ambiente, también este espera cosas de él y comienzan a aparecer las dichosas expectativas. Los padres esperan que se porte bien, que coma toda la comida, que los deje bien parados frente a los demás, las maestras esperan que sea un buen alumno, tranquilo, aplicado, sumiso, estudioso, y aparecen los premios si se comporta como se espera, o los castigos, desde los más burdos a los más sutiles, si no lo hace.
    A todo esto, ya desde que el niño nace se convierte en soporte de las proyecciones del ambiente. Cada parte de la familia busca en él parecidos que le permitan marcar la pertenencia, “es igualito al padre”, “tiene los ojos de la madre”, “salió a la abuela”. El padre que es un futbolista frustrado, le compra una pelota aunque apenas pueda caminar, lo lleva a la cancha, lo pone a practicar en un club, sin preocuparse mucho si al niño le gusta o no. Y ¡pobre de la niña a la que le guste más jugar al fútbol que con las barbies!, o del niño que se entretenga mucho jugando con sus compañeras, hermanas o primas. Y así va creciendo y las proyecciones comienzan a ser otras, “quiero que hagas una carrera porque yo tuve que salir a trabajar desde chico y no puede estudiar como hubiese querido”, o “ahora que te casaste no pierdas mucho tiempo que me muero de ganas por ser abuela”. Y ese joven que aprendió a necesitar la aprobación y el afecto se va haciendo cargo de todas esas proyecciones y expectativas y va dejando cada vez más de lado sus propias necesidades y deseos, convirtiéndose cada vez más en el ser que los demás esperan que sea y alejándose por lo tanto de su propia esencia. Pero además, como el ambiente va cambiando y con él sus expectativas y proyecciones, debe convertirse en una especie de camaleón que va “cambiando de color según la ocasión”, mimetizándose según el ambiente en que se encuentre.
    Ahora bien, como la persona va perdiendo cada vez más el contacto consigo misma, desconoce sus recursos y potencialidades y comienza a proyectar sus necesidades en el ambiente. Como duda de poder conseguir su propio alimento, espera que los demás se lo provean, como no ha aprendido a confiar en si mismo, o lo que es peor, le han hecho creer que no puede confiar en lo que siente, busca desesperadamente la seguridad afuera, en sus padres, en su pareja, en una institución, lo cual lo pone en situación de gran vulnerabilidad y lo lleva a generar relaciones de dependencia, del tipo que sean. Y como no conoce su propio poder personal, corre detrás de cualquier cosa que le haga sentir poderoso, el dinero, una posición social, un cargo, un título, en una carrera que lo termina consumiendo.
    En suma, vive deseando ser algo que no es, anhelando todo aquello que no tiene, buscando la felicidad en cualquier lugar menos donde realmente la puede encontrar que es su propio interior, como el personaje de “El Alquimista” de Pablo Coelho, recorre medio mundo buscando un tesoro que desde siempre estuvo bajo el suelo que pisaba. Como dice Fritz Perls, tamaña estupidez solo se ve en el ser humano, ninguna otra criatura pretende ser algo que no es, simplemente es. De eso se trata la “tendencia actualizante” de la que hablan Maslow y Rogers, o la “auto-actualización” de la que habla Perls, de que cada uno seamos lo que somos, que nos actualicemos en la mejor versión de nosotros mismos y no de algo que no somos, “es obvio que el potencial del águila se actualizará al surcar el cielo, lanzándose en picada atrapando animales pequeños, y construyendo nidos.
    Es obvio que el potencial de un elefante se actualizará en su tamaño, su fuerza y su torpeza.
    Ningún águila quiere ser un elefante, ningún elefante quiere ser un águila. Ellos se “aceptan” a sí mismos; se aceptan a ellos mismos. No. Ni siquiera se aceptan a sí mismos, ya que esto significaría posible rechazo. Se dan por sentados. No, ni siquiera es esto, ya que implicaría la posibilidad de ser otra cosa. Simplemente son. Son lo que son que son.
    ¡Qué absurdo sería si ellos, como los humanos, tuvieran fantasías, insatisfacciones y auto-decepciones! Cuán absurdo sería que el elefante, cansado de caminar por la tierra, quisiera volar, comer conejos y poner huevos. Y que el águila quisiera tener la fuerza y el cuero duro de la bestia”[1]
    Ahora bien, volviendo a Alberto y a nuestro primer encuentro. Luego de otros sucesos sumamente significativos que fueron demostrándome que estaba frente a alguien con un poder personal enorme, a un verdadero brujo, en todo el sentido que don Juan da al término, pasamos a trabajar sobre el motivo manifiesto de mi visita, mi hernia de disco. Así fue como, luego de unos masajes sumamente vivificantes, procedió a colgarme. Me hizo recostar sobre una camilla que estaba puesta vertical, me puso unos soportes en los tobillos que calzó en unos tubos en la parte inferior de la camilla y fue rebatiéndola hasta quedar horizontal primero para ir inclinándola haciendo que mi cabeza fuera yendo cada vez más abajo. Aunque todavía faltaba bastante para quedar vertical, comencé a sentirme mal, la sensación de pérdida del control era tan intensa que le pedí que me volviera a enderezar. Alberto me explicó que lo que había sentido era normal, que las primeras veces siempre ocurría, pero que las personas se iban acostumbrando. Luego de eso nos despedimos sin quedar más que con la expresión de deseo de volver a vernos.
    Los días que siguieron fueron difíciles para mí, mi cabeza iba a “mil por hora” tratando de digerir todo lo que había pasado en las escasas dos horas que duró ese primer encuentro, pero lo que hacía más figura era como me había sentido estando colgado. Por momentos me convencía de que lo mejor sería no volver, que no tenía necesidad de hacerlo, pero por otros sentía una gran atracción por ese hombre al que apenas conocía pero que tantas cosas me había movilizado. Hasta que decidí comentar lo que sentía con Ana, mi esposa, y, como siempre ocurre, me dio la respuesta justa, me dijo que si tantas resistencias a volver sentía, entonces era que tenía que hacerlo. Así que, con la convicción de que volvería, traté de darme cuenta de que era lo que tantas dudas me generaba y llegué a la conclusión de que todos mis temores a la colgada no eran más que “llamaradas de conciencia” cuya finalidad era generarme una preocupación que me permitiera evitar el contacto con lo que realmente me molestaba, el tema de las proyecciones y expectativas. Me di cuenta que estaba a punto de repetir una forma de funcionar que arrastro desde tiempos inmemoriales y con la que lucho denodadamente, proyectar mi necesidad de aprobación en aquellas personas a las que considero maestros. Cuando me encuentro con alguien en quien veo o intuyo cualidades especiales y la revisto de autoridad, automáticamente trato de convertirme en su “mejor alumno” y demostrarle que lo soy para de esa forma conseguir su aprobación y sentirme por lo tanto reconocido y valorado. Y ahora, al encontrarme con Alberto, estaba a punto de caer nuevamente en la tentación.
    Siento que esta ha sido una verdadera prueba del espíritu, lo pude ver, masticar, lo hablé con él, con Ana, y siento que, tal vez por primera vez en todos estos años, lo estoy digiriendo y modificando. Siento que estoy viviendo un verdadero encuentro, sin proyecciones ni expectativas, donde solo y ¡gracias a Dios!, no tengo más que ser y fluir. Y me acuerdo del querido Fritz y su célebre frase que diera lugar al magnífico libro de Barry Stevens, “no empujes el río porque fluye solo”, y sobretodo de su “oración gestáltica” que muchos critican pero que hoy siento en toda su dimensión:
Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas.
Y tú no estás en este mundo para llenar las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Y si por casualidad nos encontramos es hermoso.
Si no, no puede remediarse.[2]
    De eso se trata mi encuentro con Alberto, yo no proyecto nada en él ni él en mí, por lo tanto ninguno de los dos espera nada del otro, solo nos encontramos y disfrutamos plenamente de ello, y eso lo hace maravilloso.



[1] Fritz PERLS, “Dentro y fuera del tacho de la basura”, pág. 14-15.
[2] Fritz PERLS, “Sueños y existencia”, pág. 16.

viernes, 13 de mayo de 2011

El enfoque gestáltico en la psicoterapia institucionalizada Primera parte


Artículo publicado en la revista Opción Médica del mes de abril

Como prometí en mi artículo del número anterior acerca de la atención psicoterapéutica en las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva en el marco del Sistema Nacional Integrado de Salud, quiero en esta oportunidad detenerme específicamente en tratar de demostrar por qué considero que la Psicoterapia Gestáltica es un abordaje por demás eficaz en un encuadre como el que se plantea en una atención de este tipo.
Como también expresé en el artículo anterior, la atención psicoterapéutica tal como está planteada, el menos en la Institución a la que pertenezco y como parece ser el modelo que comenzará a regir a partir de la implementación del nuevo Plan de Salud Mental del MSP, implica un abordaje de tiempo definido, 24 sesiones en nuestro caso, que significa una diferencia fundamental con la psicoterapia tradicional que aplicamos en nuestros consultorios donde no hay un límite temporal y por lo tanto, paciente y terapeuta saben cuándo comienza el tratamiento pero no cuando termina. En este encuadre sabemos que tenemos un número máximo de sesiones para trabajar y eso implica la necesidad de un trabajo eminentemente focalizado, orientado a objetivos definidos y una economía de recursos terapéuticos mucho más afinada.
Ya en mi artículo del mes de noviembre pasado acerca de mi experiencia con el abordaje gestáltico en el tratamiento para la cesación del consumo de tabaco, también éste un encuadre de tiempo limitado con objetivos bien delimitados, intenté hacer un resumen de los aspectos fundamentales de la Psicoterapia Gestáltica que trataré de profundizar un poco más en este espacio.
Al igual que en las demás corrientes de la Psicología que integran la que se ha dado en llamar Tercera fuerza o Movimiento del Potencial Humano, en la Psicoterapia Gestáltica creemos en que, como decía Erik Berne, fundador del Análisis Transaccional, las personas nacen OK, es decir, creemos que todas las personas nacen con una vocación natural a la salud que se traduce en una tendencia natural al desarrollo, la autorregulación y la autorrealización. Que muchas veces las transacciones que la persona realiza con el ambiente en su transitar por la vida, van obstaculizando y desviando hasta generar, en muchos casos, un verdadero estrangulamiento de esa vocación natural hacia la integración y la armonía que se traduce en la patología. Un breve y simple ejemplo. El niño nace con una vocación natural a expresar lo que siente, por lo tanto, cuando siente dolor, llora. Al principio esto es incluso muy útil para los padres porque les permite saber cuando a su hijo le pasa algo. Sin embargo, a medida que va creciendo esto comienza a cambiar, al punto que a determinadas edades, ese llanto deja de ser bien visto y así observamos, si, aún hoy, en pleno siglo XXI, padres que dicen a sus hijos “no llores, no seas maricón”, “los hombres no lloran”. Y si ese mandato viene de una figura tan importante para el niño como es su padre, obviamente lo que el niño asume es que debe reprimir y renunciar a esa necesidad natural y así es como, cuando sea un hombre, ese niño llegará a nuestros consultorios como una persona con serias dificultades para expresar lo que siente.
Fritz Perls, el fundador de nuestra Corriente, describía la tendencia actualizante como la capacidad de los organismos de desarrollarse y convertirse en la mejor versión de sí mismos. Un ejemplo, un pichón de águila se actualiza volando a gran altura, teniendo una visión sumamente aguda, siendo un eximio cazador. A nadie se le ocurriría pensar en ese pichón pretendiendo realizarse nadando como un pez o al cachorro de león pretendiendo volar como el águila. Solo en nuestras fábulas y fantasías proyectamos nuestros anhelos y Dumbo puede volar. Sin embargo los seres humanos sí pretendemos torcer esa tendencia y así nos exigimos a nosotros mismos o le exigimos a nuestros hijos, ser algo distinto a aquello a lo que estamos llamados a ser generando de esa forma alienación e infelicidad.
Por lo tanto, la Psicoterapia Gestáltica se concibe como un proceso que apunta, a través del trabajo en el Aquí y ahora fenomenológico, a generar el darse cuenta que permita al paciente descubrir esos obstáculos, desentrañar el como y el para qué de los mismos y de esa forma, permitir el natural flujo de su tendencia actualizante. Y esto implica además y necesariamente, que los terapeutas gestálticos confiamos plenamente en el otro, en su potencial sanador, en que, como diría Steiner, “las personas en dificultades emocionales son seres humanos totales e inteligentes. Son capaces de comprender sus problemas y el proceso que las libera de ellos”, y así se lo trasmitimos a nuestros pacientes.
Y aquí ya nos encontramos con uno de los aspectos fundamentales de la Psicoterapia Gestáltica, su objetivo. El éxito, para nuestro enfoque, no está en la aceptación social ni en las relaciones interpersonales, sino en lograr una persona integrada, re-sensibilizada, que utilice su darse cuenta para lograr el mayor contacto posible con lo que siente y quiere, sea un participante activo de su vida y no un mero espectador de esta, responsable de sus conductas y por ende de los cambios de aquellas que lo alejan de su camino. En definitiva, que logre el auto-sostén, es decir que pueda pararse sobre sus propios pies, consciente de sus virtudes y sus potencialidades, pero también de sus defectos y de esta forma logre la auto-aceptación se actualice en pos de convertirse en la mejor versión posible de sí mismo.
Fritz Perls llama sí mismo al sistema de respuestas o contactos del organismo con el ambiente en cualquier momento, que viene con él desde el momento de su nacimiento. Por otra parte, define al ego como el sistema de identificación y alienación del organismo y se construye a través de las transacciones del organismo con el ambiente.
En la neurosis, el ego no logra identificarse con el sí mismo, aliena algunos de sus procesos mutilándolo y no permitiendo que sea este quien organiza las respuestas frente a las nuevas gestalts que van surgiendo.
Cuando una persona funciona correctamente, satisface sus necesidades contactando el ambiente con alguna conducta sensorio- motora, en términos gestálticos, una buena gestalt se configura cuando una necesidad emerge del fondo convirtiéndose en figura. Una vez que esa necesidad es satisfecha la gestalt se completa y pasa al fondo dando lugar a la irrupción de una nueva.
Joseph Zinker desarrolló el concepto de “Ciclo de la energía” para ejemplificar más claramente el desarrollo de la “buena gestalt” Según éste, cuando una necesidad emerge del fondo, lo primero que ocurre es la sensación. El segundo momento es el darse cuenta que se da cuando la persona hace consciente esa necesidad. Luego viene el momento conocido como de movilización de la energía. Es el momento en que la persona hace el inventario de los recursos con los que cuenta para intentar dar satisfacción a su necesidad. Es el momento donde se planifica la estrategia a seguir. El siguiente momento es el la acción, donde todos los recursos se ponen en movimiento y por lo tanto la persona toma contacto con su necesidad, siguiente momento del ciclo. Este es uno de los momentos más importantes del ciclo porque es donde se pone en juego la “habilidad para responder”. Esta es además la fase del ciclo donde queda en evidencia si el darse cuenta fue el correcto, si la estrategia planificada en la movilización de la energía fue acertada y si la acción emprendida fue eficaz.
Luego del contacto viene la fase de retirada. Una vez que la persona logra satisfacer su necesidad la gestalt se completa y se retira para dar lugar a una nueva.
En la neurosis el flujo de este ciclo es bloqueado en alguno de esos momentos impidiendo que las gestalts se completen generando situaciones inconclusas que claman por atención consumiendo energía por lo que gran parte del trabajo consiste en detectar esos bloqueos a través del darse cuenta para removerlos y de esa forma recomponer el natural flujo. Como dijera Perls, “la cura no es un producto terminado, sino una persona que ha aprendido a desarrollar el darse cuenta que necesita para solucionar sus propios problemas”
Ahora bien, ¿cómo logramos todo esto? y sobretodo ¿cómo logramos algo de esto en las 24 sesiones que nos permite la atención institucionalizada?
El primer aspecto a tener en cuenta tiene que ver con el encuadre. En la Psicoterapia Gestáltica trabajamos con un modelo dialogal, horizontal, cara a cara, generando un vínculo del tipo “Yo-Tú – Aquí y Ahora” de Marín Buber donde paciente y terapeuta asumen el compromiso común de trabajar codo con codo en pos de los objetivos que se acuerdan en el “contrato terapéutico. En la terapia gestáltica, el terapeuta tiene claro que no es él el que cura sino que es alguien que pone toda su formación y conocimientos al servicio de ese compromiso que asume con la persona que tiene adelante en un modelo que se asemeja mucho al concepto etimológico de rol, terapeuta viene del griego therapeutes y quiere decir persona que colabora en el proceso curativo, que implica además una actitud dispuesta y abierta frente a la realidad a la que se enfrenta.  Como dice Gary Yontef, “la esencia de la terapia gestáltica es la integración de un compromiso persona-a-persona con una competencia técnico-clínica general. Y esto es válido al margen de la modalidad o tipo de paciente”
Esto implica que el paciente es un participante activo y responsable del proceso terapéutico y por lo tanto de sus conductas, de los cambios que quiera realizar y del trabajo para generar esos cambios. Y el rol del terapeuta gestáltico es el de ser un observador-participante en ese proceso. Como diría Perls, “los terapeutas no podemos hacer nada que no sea proporcionar la oportunidad, estando disponibles como catalizadores y pantalla de proyección”. En este encuadre, el terapeuta debe manejarse en el sutil equilibrio que significa apoyar al paciente en su proceso de darse cuenta y de cambio y frustrar todo intento de manipulación que apunte a evadir la responsabilidad o intentar colocarla fuera de él. En suma, el terapeuta se percibe como “un observador de la conducta en curso y como un guía para el aprendizaje fenomenológico de paciente” (Yontef) 

lunes, 14 de febrero de 2011

El abordaje psicoterapéutico en Instituciones de Asistencia Médica Colectiva en las puertas del nuevo Plan de Salud Mental en el marco del Sistema Nacional Integrado de Salud

Artículo publicado en el número del mes de febrero 2011 de la revista Opción Médica

El nuevo Plan de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública que comenzará a regir a partir de este año, entre otras cosas, convierte a la psicoterapia en una prestación obligatoria para todas las instituciones pertenecientes al Sistema Nacional Integrado de Salud lo que implica una verdadera revolución en lo que tiene que ver tanto a las posibilidades de acceso de los usuarios a este servicio como en la forma de trabajo que los psicoterapeutas hemos tenido hasta el momento.

Pero esta revolución ya se inició, aunque de forma bastante heterogénea, en varias de las Instituciones de asistencia médica colectiva del país. En este artículo me voy a referir específicamente a lo que ha sido mi experiencia de varios años como integrante del Servicio de Psicoterapia de Médica Uruguaya, Institución que, aunque me comprendan las generales de la ley, debo decir que ha llevado la vanguardia, también en este rubro.

Este Servicio comenzó a funcionar en la Institución antes del 2005, cuando el SNIS aún era una promesa de campaña y si bien el mismo ha sufrido algunas modificaciones, en líneas generales, mantiene las mismas características desde los inicios. Yo me integré al equipo en 2006 y en ese momento éramos alrededor de 15 profesionales. Hoy día, cuatro años después, el Servicio ha tenido un crecimiento vertiginoso, con una demanda que crece significativamente día a día, lo que ha llevado a que en este momento esté en el entorno de los 70 profesionales con una importante diversidad de propuestas en cuanto a escuelas psicológicas y especializaciones.

Uno de los aspectos que creo más destacables de nuestro Servicio y que, a partir de este año, lo será de todo el sistema, es el costo que esta forma de intervención tiene para el usuario. En nuestro Servicio, quien accede al mismo a través del Fonasa, abona por sesión el valor de un timbre profesional, y aún en el caso de quienes no tienen ese beneficio, que en la medida que el sistema se siga universalizando son cada vez menos, el costo significa menos de la mitad del arancel profesional. Esto implica un verdadero cambio paradigmático, a partir de aquí, la psicoterapia dejó de ser algo que estaba reservado para la gente de mayores recursos, para pasar a ser accesible para todo aquel beneficiario del sistema que lo necesite. Estamos frente a una verdadera democratización de este recurso. Si bien, desde hace mucho tiempo han existido en el país distintos servicios generalmente asociados a las Universidades, Sociedades Científicas o Coordinadora de Psicólogos, que brindan la posibilidad de acceder a una psicoterapia con aranceles sociales, de bajo costo, a partir de ahora, el nuevo plan del MSP, implica una universalización de esta realidad y fija además pautas comunes a las que deben ceñirse todos los prestadores.

Al momento de escribir esto aún no está totalmente definido como serán los distintos tipos de intervención que a partir de su implementación el sistema abarcará, por lo que me referiré específicamente al Servicio que integro y a mi especialidad, psicoterapia de adultos.

Este es un servicio acotado en el tiempo con un máximo de 24 sesiones semanales, unos seis meses aproximadamente, que si bien no es poco tiempo, implica un cambio fundamental en lo que es el modelo de psicoterapia tradicional sin límite temporal.

Al mismo el paciente accede previo a consulta con un psiquiatra de la institución quién, si lo considera pertinente, le da el pase correspondiente. Una vez cumplido este requisito previo, el usuario se registra en el servicio y es convocado a una entrevista de derivación donde se evalúa si su demanda se adecúa a las características de la prestación y de ser así, se le ingresa al servicio y se le asigna un profesional con quien llevará adelante el tratamiento. En caso de considerarse que por la demanda del paciente o sus características personales no es este el abordaje indicado, es orientado hacia algún tipo de alternativa disponible.

Es importante dejar en claro que el tipo de intervención acotado en el tiempo, implica la necesidad de trabajar de forma focalizada por lo que, este enfoque estaría contraindicado para aquellas personas que padecen patologías estructurales o crónicas.

No es menos importante tener presente que para muchos de los pacientes que acceden al Servicio, esta es su primer experiencia en una prestación a la que conocen poco o incluso a la que nunca pensaron poder acceder. Si bien, cuando llega a nuestra consulta, el paciente ha pasado por, al menos, tres instancias previas, lo cual, en muchos casos ha servido para ir delineando el motivo de consulta, en muchos casos nos llegan personas acostumbradas al modelo médico de intervención, no nos olvidemos que estamos hablando de un servicio en el marco de una institución de asistencia médica, y les cuesta un poco asumir el cambio de abordaje. Por lo tanto, es sumamente importante desde la primera sesión esclarecer de la mejor forma posible el encuadre y que es lo qué pueden esperar del mismo.

Este tipo de abordaje implica la necesidad de acordar con el paciente acerca de los objetivos que el tratamiento tendrá, es decir, a diferencia de lo que ocurre en el modelo tradicional de psicoterapia donde generalmente no existe un límite temporal pre establecido, el saber que contamos con un número limitado de sesiones nos obliga a ser muy cuidadosos con las mismas y con los contenidos con los que vamos a trabajar. Por lo tanto, en este tipo de encuadre, la planificación no solo es necesaria, sino que su ausencia puede ser incluso anti ética. Existen tres premisas básicas a este respecto, tener claro que voy a tocar, hasta donde voy a tocar y si voy a poder cerrar lo que voy a tocar.

Como decía más arriba, en muchos casos estamos frente a personas que por primera vez tienen la posibilidad de acceder a una prestación de este tipo por lo que debemos ser conscientes de que, lo que ocurra en estas veinticuatro sesiones, no solo será muy importante para resolver aquello que lo trae a nuestro encuentro, sino que además, determinará en gran medida que la persona crea o no en este tipo de tratamiento y considere recurrir en un futuro a la psicoterapia si siente que lo necesita. Y esto no es menor, porque en muchos casos, lo que la persona vaya descubriendo en su tratamiento con nosotros va a implicar la necesidad de un abordaje de más largo aliento y, por lo tanto, parte de trabajo consistirá en ayudar al paciente en la construcción de esa demanda.

Otro de los aspectos que considero destacable de este tipo de abordaje, es que, el hecho de estar inserto en la institución de la salud a la que el paciente pertenece nos permite tener una mucho mayor posibilidad de contacto e interacción con los otros profesionales que lo puedan estar tratando lo cual permite una percepción de la realidad de paciente mucho más sistémica.

Como dije más arriba, el Servicio de Psicoterapia de Médica Uruguaya cuenta con profesionales pertenecientes a variadas Escuelas psicológicas y a su vez con diferentes especializaciones lo que permite un amplio espectro de opciones para el paciente.

En lo que me es personal, trabajo básicamente con pacientes adultos y mi marco referencial teórico es la Psicoterapia Gestáltica. De hecho, cuando ingresé a servicio, fui el primero perteneciente a esta corriente, y por buen tiempo el único en hacerlo, lo que implicó un verdadero desafío tanto para la Institución como para mi, dado que esta es una corriente aún poco conocida para el grueso de la población e inclusive dentro de los profesionales de la salud y de la propia Psicología. Creo que los terapeutas gestálticos no hemos sido buenos comunicadores de lo que hacemos y nuestra actitud bastante reacia a la sistematización y a la teoría, no ha colaborado con ello, generando, en muchos casos una imagen bastante parcial e incluso distorsionada de nuestro trabajo. Por esa razón quiero aprovechar la posibilidad que me brinda Opción Médica de dar a conocer mi trabajo, para en próximas entregas, trasmitir como la psicoterapia gestáltica me parece un abordaje por demás idóneo y en lo particular en lo que se refiere al tipo de intervención a la que me he referido en este artículo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

GESTALT Y TABAQUISMO Aportes de la Psicoterapia Gestáltica al tratamiento para la cesación del consumo de tabaco


Artículo publicado en el número del mes de diciembre 2010 de la revista Opción Médica

Al tiempo de escribir esto hace ya nueve años que integro la Policlínica de Tabaquismo de Médica Uruguaya Corporación de Asistencia Médica y diecisiete desde que me post gradué como psicoterapeuta gestáltico, por lo que creo es tiempo de intentar llevar al papel las razones por las que considero que nuestra propuesta terapéutica es una herramienta por demás válida para enfrentar a la que está considerada una de las peores adicciones.

Creo de orden comenzar haciendo una breve introducción a este abordaje psicoterapéutico.

Nacida en los años 50´ de la mano de Fritz y Laura Perls, la Psicoterapia Gestáltica se ubica en la llamada “tercera vía” dentro de la Psicología y que engloba a las corrientes de corte humanista como la Logoterapia de Víctor Frankl, el Análisis Transaccional de Eric Berne o la Orientación Centrada en la Persona de Carl Rogers, por nombrar tres de las más significativas, diferenciándose de esa forma de las otras dos vías hasta entonces predominantes, el Psicoanálisis y las corrientes de corte analítico y la Terapia del Comportamiento y las escuelas de corte cognitivo-comportamentales.

Con una fuerte raigambre fenomenológico – existencialista, la Psicoterapia Gestáltica toma conceptos desarrollados por la Psicología de la Gestalt, escuela surgida a principios del siglo pasado como una rama de la psicología experimental y que estudiaba los fenómenos de la percepción, y los aplica al campo psicoterapéutico. Así fue como las leyes de “figura – fondo”, de la “buena forma”, de que “el todo es más que la suma de las partes” o de que “cualquier modificación en alguna de las partes afecta al todo”, entre otros, abandonaron los fríos laboratorios de los psicólogos experimentales para alojarse en los consultorios de los psicoterapeutas gestálticos.

La Psicoterapia Gestáltica es un abordaje holístico que trata de ver a la persona como una totalidad, donde ninguna parte es más fundamental que otra y donde es la interrelación entre las mismas lo que le da identidad y coherencia, por lo que la integración mente- cuerpo-emociones se convierte en un aspecto prioritario en la búsqueda del desarrollo integral de la personalidad.

Como abordaje esencialmente fenomenológico, la Psicoterapia Gestáltica se centra en el aquí y ahora, en el entendido que el presente es el único tiempo real dado que el pasado ya pasó y no hay forma de modificarlo y el futuro es algo a construir, por lo que no deja de ser una ilusión, que además, dependerá inevitablemente de cómo sea el presente.

El trabajar centrado en la actualidad del paciente no implica desconocer su historia sino integrarla, asumirla y de esa forma “cerrar” las situaciones inconclusas que se puedan arrastrar y así liberar la energía en ellas enquistada.

Centrarnos en el aquí y ahora implica también poner el énfasis no en el “porque” sino en el “como” y el “para que”, y eso es lo que realmente permite los cambios sustentables.

La Psicoterapia Gestáltica propone un modelo dialogal, horizontal, donde el paciente no siente que concurre a un lugar donde va a encontrar todas las respuestas, sino que asume que él es el dueño de su proceso y es en ese vínculo que desarrolla con el terapeuta donde encuentra el ámbito propicio para encontrar las respuestas, que siempre serán suyas, que le permitan crecer y evolucionar como persona. En este enfoque, el paciente asume, junto con el terapeuta, la responsabilidad del proceso, lo que genera un compromiso mucho más profundo con el mismo.

El objetivo último de la Psicoterapia Gestáltica no es la cura sino el auto sostén, que la persona adquiera un grado de evolución y auto conocimiento que le permita ser la mejor versión de si mismo, conocer sus potencialidades y también sus carencias, asumirlas, integrarlas y de esa forma poder pararse sobre sus propios pies y asumir la responsabilidad absoluta sobre su vida, entendiendo responsabilidad en el sentido que etimológicamente tiene, es decir, “habilidad para responder”. Por eso en este abordaje trabajamos con un encuadre dialogal, horizontal, donde terapeuta y paciente se comprometen a la par a trabajar en la búsqueda de los objetivos acordados.

Ahora bien, ¿cómo se aplica todo esto en un tratamiento de cesación del consumo de tabaco?

Para comenzar creo muy importante destacar que este tratamiento, al menos como desde mi punto de vista, cumple con todas las características de una psicoterapia breve – focalizada. Breve porque obviamente este es un tratamiento acotado en el tiempo, en mi experiencia dura pro medialmente unos tres meses a cuatro meses con consultas semanales al comienzo que pasamos a una frecuencia quincenal cuando la persona está en la etapa de consolidación de su abstinencia. Y focal porque es una terapia con un objetivo definido, la cesación del consumo, que es contratado con el paciente. Pero además, como en toda psicoterapia, en este caso es de vital importancia para alcanzar el éxito, que se genere un verdadero cambio psíquico que viabilice el que los resultados sean sostenibles en el tiempo. No debemos olvidarnos que, como toda adicción, al tabaquismo se lo define como una enfermedad crónica recidivante, es decir, sin importar cuanto lleve la persona en abstinencia, siempre persistirá una vulnerabilidad a la recaída por lo que el cambio psíquico es fundamental si queremos resultados duraderos.

En este abordaje es de fundamental importancia tener una visión holística, no ver solo la parte, sino ver el problema dentro de la totalidad de la persona y su entorno. Creo que flaco favor le haríamos a quién llega solicitando nuestra ayuda, si lo viéramos solo como un fumador, aislado de su contexto. Es muy importante conocer al paciente y su circunstancia. En muchos casos el éxito del tratamiento depende de que podamos detectar situaciones vitales que inciden directamente en la actitud o disposición que el paciente pueda tener a la hora de encarar la cesación. Obviamente el tiempo que dura este tipo de tratamiento no permite un abordaje muy profundo y si bien por lo general el continentar estas situaciones excede los límites del mismo, al menos podemos ayudar a la persona a tomar conciencia de ello, realizar algún tipo de intervención puntual u orientar a la persona hacia otro tipo de consulta y ayudarla a construir una futura demanda.

También es muy importante conocer el entorno en que se mueve el paciente, si convive con otros fumadores o si por el contrario lo hace con “militantes anti tabaco”. Muchas veces tanto unos como otros dificultan el trabajo poniendo obstáculos que sabotean el proceso. He observado en estos años más de un caso en que la pareja fumadora de un/a paciente comienza a fumar más cantidad que antes, o dejan cigarrillos al “descuido” en lugares donde antes no lo hacía, o incluso incitan a nuestro paciente a volver a fumar. Por otra parte, muchas veces los pacientes se sienten sumamente presionados por los miembros de su entorno no fumadores, muchos de los cuales, por no haber fumado nunca o por haberlo olvidado, no comprenden por lo que la persona está pasando generando conductas como fumar a escondidas o mentir sobre la cantidad que están fumando, que a la postre también son contraproducentes porque a las dificultades que plantea la abstinencia se le agrega la culpa que estas conductas generan. Además, sabido es que por lo general, la presión genera una reacción en sentido contrario, el fumador que se siente presionado termina fumando más en respuesta a la presión que siente.

Por todo esto es que resulta fundamental que el paciente se sienta apoyado por nosotros, pero además que comparta su decisión de dejar con su entorno, dejando claro que esta es una decisión personal, que no implica que los demás tengan que compartirla pero que merece comprensión, respeto y apoyo. Cuando esto se logra, la persona se siente mucho mejor consigo mismo y con los demás, a la vez que refuerza su decisión y su compromiso con ella.

En la Psicoterapia Gestáltica hacemos especial énfasis en el “darse cuenta”, en que la persona tome conciencia de lo que ocurre, como decía más arriba, de “como” funciona y de “para que” le sirve funciona de esa forma. Creemos que sin “darse cuenta” no hay posibilidad de cambio dado que si la persona no concientiza su problemática y con ello su necesidad de corregir el aspecto de su vida que le impide estar bien, todo lo que su entorno o nosotros podamos decirle será vivido como ajeno y, por lo tanto, existe una alta probabilidad de que lo rechace.

El problema del tabaquismo no es ajeno a esto. En todos estos años he observado que aquellos pacientes que vienen a nuestra clínica porque son enviados por sus médicos tratantes o por presiones familiares pero que no han tomado conciencia de su adicción, generalmente acuden a la primer consulta “para cumplir” y no vuelven más, o no logran el compromiso mínimo indispensable con el tratamiento por lo que las posibilidades de éxito son remotas.

Un aspecto muy importante a tener en cuenta a la hora de abordar el tratamiento desde la perspectiva de este enfoque, tiene que ver con una de las leyes fundamentales de la Psicología de la Gestalt, la ley de Figura-fondo. Según ella, no es posible atender a la vez a la figura y al fondo. En el ejemplo clásico de la imagen en la que podemos ver de forma alternada, o dos rostros de frente o una copa, si atendemos a los dos rostros de perfil (figura), no podemos ver la copa que pasa a ser el fondo y viceversa. Es imposible observar ambas figuras a la vez. Es más, si intentamos hacerlo, nuestra atención se dispersa y corremos el riesgo de no atender a ninguna.

Por esto es muy importante detectar si el paciente está con su energía disponible para enfrentar el importante desafío que representa el comenzar un tratamiento de cesación. Muchas veces vienen personas que están transitando situaciones vitales complicadas o pretenden realizar concomitantemente otros tratamientos que implican un esfuerzo considerable como por ejemplo dietas, cesaciones de otros consumos, etc., en esos casos, salvo que observemos en el paciente una disposición muy grande hacia nuestro tratamiento, les recomendamos decidirse por uno a la vez.

Uno de los principales constructos teóricos de la Psicoterapia Gestáltica es el llamado “ciclo de la energía”o “excitación-contacto-retirada”, que fuera desarrollado por el gestaltísta estadounidense Joseph Zinker. Según él, en el primer momento aparece la sensación, que es exclusivamente sensitiva y donde no interviene la conciencia, en el segundo momento aparece el darse cuenta, donde la persona toma conciencia de lo que siente. Este es un momento muy importante porque es donde se queda mucha gente y muchas corrientes dentro de la Psicología. Aquí es donde aparecen frases tales como “tengo claro lo que me pasa pero no sé como cambiarlo” y por lo tanto las intelectualizaciones, construimos teorías estupendas acerca de lo que nos ocurre pero no logramos salir de ello terminando muchas veces en una especie de conformismo que nos impide asumir la responsabilidad de los cambios que necesitamos hacer en nuestra vida.

Pero volvamos al ciclo de la energía. Luego del darse cuenta viene el momento conocido como de movilización de la energía. Es el momento en que la persona hace el inventario de los recursos con los que cuenta para intentar dar satisfacción a su necesidad. Es el momento donde se planifica la estrategia a seguir. En otros enfoques sobre el tabaquismo, esta fase correspondería a la etapa de contemplación. El siguiente momento es el la acción, donde todos los recursos se ponen en movimiento y por lo tanto la persona toma contacto con su necesidad, siguiente momento del ciclo. Este es uno de los momentos más importantes del ciclo porque es donde se pone en juego la “habilidad para responder”. Esta es además la fase del ciclo donde queda en evidencia si el darse cuenta fue el correcto, si la estrategia planificada en la movilización de la energía fue acertada y si la acción emprendida fue eficaz.

Luego del contacto viene la fase de retirada. Una vez que la persona logra satisfacer su necesidad, resolver su problema, debe emprender la retirada. Esta etapa del ciclo es muy importante porque si la persona no logra “soltar” la situación puede darse lo que llamamos “gestalts abiertas” o “situaciones inconclusas”, verdaderas “agonías eternas” que impiden seguir adelante y completar el ciclo. Esto ocurre con la última fase, el cierre, donde la figura se completa y por lo tanto puede ir hacia el fondo y dejar la energía disponible para que pueda emerger una nueva.

Este ciclo excitación-contacto-retirada, funciona en todo cuanto hacemos. Basta observar cualquier actividad que realizamos para satisfacer una necesidad para observar que esto es así. Un simple ejemplo para ilustrarlo, cuando tenemos hambre, sentimos una sensación de vacío en nuestro estómago que poco a poco se va convirtiendo en malestar. Cuando nos damos cuenta de ello, concientizamos nuestra necesidad. Acto seguido movilizamos nuestra energía, visualizamos que podemos hacer, donde tenemos algo que nos permita saciar esa necesidad. El siguiente paso es la acción, vamos a la heladera o a donde sea que podamos procurarnos alimento. Una vez que lo obtenemos entramos en contacto con el, lo ingerimos y con eso calmamos nuestro hambre, nuestra necesidad. Existen ocasiones en que a pesar de haber logrado la satisfacción, igual seguimos comiendo, a veces incluso más allá de lo aconsejable, de lo saludable. Son los clásicos “atracones”. Lo correcto es que una vez saciado nuestra hambre podamos retirarnos, cerrar la gestalt y permitir que una nueva sensación pueda emerger.

En nuestro tratamiento, hacemos mucho énfasis en que el paciente descubra como es que funciona él como fumador, que aprenda a diferenciar que cigarrillos necesita, cuales fuma por placer y cuales son aquellos cigarrillos que podemos definir como automáticos, aquellos cigarrillos que fuma sin ni siquiera tener conciencia de ello. Esto es muy importante a la hora de realizar la estrategia a seguir. También es muy importante que la persona preste atención a que ocurre cuando fuma, que es lo que siente en esos momentos, que puede desencadenar su deseo y que conductas están asociadas a su consumo. No nos olvidemos además que, como siempre que se establece una relación de dependencia, el fumador deposita en el cigarrillo múltiples afectos y así es como este se convierte en un amigo, una compañía, o un objeto asegurador, por lo que es fundamental trabajar en que la persona recupere para si todo aquello que ha proyectado en el cigarrillo.

El encarar el tratamiento como un proceso es muy importante porque permite que, a medida que la persona se va acercando al objetivo, va comenzando a experimentar cambios a nivel de su salud y su calidad de vida que van apuntalando su decisión a la vez que realiza cambios en sus conductas y condicionamientos. Y, tal vez lo más importante, se va demostrando a si mismo que puede. Y creo que aquí está el cambio psíquico más importante. Cuando el paciente llega a la consulta, por lo general trae a cuesta varios intentos fallidos lo cual de alguna forma le ha ido convenciendo que, si no imposible, al menos le va a ser muy difícil poder dejar, por eso, el ver que puede, el experimentar que logra estar en ámbitos donde antes fumaba, con otros fumadores, en situaciones donde hubiese consumido hasta más de la cuenta, sin tener que hacerlo, va generando un verdadero empoderamiento de la persona que, además de acercarlo al objetivo, mejora mucho su autoestima y la percepción de sí mismo, a la vez que lo compromete mucho más con el proceso y el cuidado de los logros que va obteniendo.

Para finalizar, una vez que la persona ha logrado un período de abstinencia que permita considerar que la misma se viene consolidando, es preciso trabajar el tema del cierre, en el sentido que planteaba más arriba, dado que el asumir la abstinencia implica un verdadero duelo que cumple con todas las características típicas de cualquier proceso de este tipo. No debemos olvidar que el fumar es la conducta más repetida en la vida del fumador promedio, lo cual no solo implica la naturalización de la misma, sino también que se asocie a prácticamente todo lo que hace la persona y además, a sus más variadas emociones, por lo que, dejar de fumar, además de ser, como dice la Organización Mundial la Salud, la decisión más trascendente en materia de salud que una persona puede tomar, implica un verdadero re aprendizaje que involucra toda su cotidianeidad.

jueves, 8 de julio de 2010

EL PREDADOR

Aquí les dejo un capítulo del libro. Si bien escribí esto hace ya más de seis años, creo mantiene toda su vigencia y decidí incluirlo en el blog porque creo guarda mucha relación con la entrada anterior. Espero les guste.

“Los chamanes del antiguo México descubrieron que tenemos un compañero de por vida -dijo de la manera más clara que pudo-. Tenemos un predador que vino desde las profundidades del cosmos y tomó control sobre nuestras vidas... Los chamanes creen que los predadores nos han dado nuestro sistema de creencias, nuestras ideas acerca del bien y del mal, nuestras costumbres sociales. Nos otorgaron la codicia, la mezquindad y la cobardía. Es el predador que nos hace complacientes, rutinarios y egomaníacos.

-¿Pero de qué manera pueden hacer esto, don Juan? -...Para mantenernos obedientes y dóciles y débiles, los predadores se involucraron en una maniobra estupenda (estupenda, por supuesto, desde el punto de vista del estratega). Una maniobra horrible desde el punto de vista de quien la sufre. ¡Nos dieron su mente, que se vuelve nuestra mente! A través de su mente, los predadores inyectan en la vida de los seres humanos lo que sea conveniente para ellos”.

Carlos Castaneda, “El lado activo del Infinito”

Según Don Juan, los chamanes pueden ver a los niños como bolas luminosas de energía, cubiertos de arriba a abajo con una capa brillante de conciencia. Ese es el alimento de los “predadores” que la consumen de forma tal que al llegar el ser humano a ser adulto solo queda de esa capa brillante una angosta franja que se eleva desde el suelo hasta por encima de los dedos de los pies. Esa franja permitiría al ser humano continuar vivo.

Según don Juan, los predadores necesitan, no solo mantenernos vivos, sino también seguir alimentándose y para ello nos otorgan problemas banales que generan “llamaradas de conciencia” que ellos fuerzan a crecer y de esa forma “nos mantienen vivos para alimentarse con las llamaradas energéticos de nuestras seudo-preocupaciones”.[1]

Hace un tiempo participé en un Seminario sobre Tabaquismo donde hubo una ponencia en la cual se habló de toda la manipulación que las tabacaleras hacen de la información que trasmiten a sus consumidores, de cómo, en los países como el nuestro, donde está prohibida la publicidad sobre el cigarrillo, esta gente se encarga de burlar esa prohibición echando mano a toda la creatividad de los publicistas que contratan. Cualquiera puede observar como los quioscos son decorados con los colores y las formas que son características de las distintas marcas de cigarrillos. Pero no solo es la información lo que manipulan. En esa ponencia también se habló de las formas como los químicos de esa industria logran hacer que los cigarrillos sean más adictivos a pesar de tener un menor nivel de nicotina, por ejemplo agregándoles amoníaco y modificando de esa forma el ph del humo, como quedó evidenciado en un famoso juicio que se realizó en Minnesota, Estados Unidos, cuyas actas están disponibles en internet y que diera lugar a la película “El Informante”, por la cual el actor Russell Crowe estuviera nominado al Oscar, premio que según se dijo allí, las tabacaleras se encargaron de evitar que recibiera. Pero claro, todo esto no está disponible para el común de la gente, los medios de comunicación, en los cuales la industria tabacalera invierte cifras astronómicas, se encargan muy bien de evitar que todo esto trascienda. Este es un ejemplo claro de un predador de los que habla Don Juan, se nutre de nuestro dinero y lo que es mucho peor aun, de nuestra salud. A través de la publicidad carga nuestra mente de imágenes que nos convencen de la necesidad de fumar para ser felices y tener una vida placentera y, a través de la manipulación, y yo diría prostitución, de un producto que para nuestras culturas autóctonas tiene un origen y una finalidad sagrada, logran generar una de las peores adicciones, sino la peor.

Pero estos no son los únicos predadores, cada vez existen en la televisión más programas de chismes que alimentan las mentes de quienes los ven de problemas banales para mantenerlas ocupadas y lejos de los temas que verdaderamente importan. Pan y circo, decía el emperador, esa es la forma de mantener a la gente contenta y dominada. ¿Cuántas veces hemos asistido a verdaderas cortinas de humo lanzadas por los gobernantes con la intención de desviar la atención de la gente? Y no importa aquí de qué sistema político hablemos, en todos ocurre.

¿Quién no ha comprado alguna vez algo solamente porque la publicidad le hizo pensar que debía tenerlo y luego se dio cuenta de que había sido engañado? La llamada “sociedad de consumo” y su principal arma, la publicidad, nos intenta convencer segundo a segundo de que no es posible vivir sin el último modelo de auto, o de computadora, o sin tal o cual electrodoméstico, o sin el cable, etcétera, etcétera, y entonces vemos a las personas trabajando horas y horas para lograr pagar las deudas que el “confort” les ha obligado a generar. Los “predadores” han logrado que la gente se reúna en torno al televisor y consuma todo lo que los medios le ofrecen sin siquiera criticarlo, y estos manipulan la información sin el menor escrúpulo para de esa forma generar en nosotros las reacciones que ellos o la clase dominante a quienes generalmente responden, deseen y de esa forma se alimentan de nuestra conciencia y de nuestras vidas.

Como dice don Juan, “el predador” vino de las profundidades, pero tal vez no del cosmos, como él dice, sino de las de nosotros mismos. Nosotros mismos somos ese predador, la especie humana en su conjunto se ha encargado de depredar este hermoso planeta en el que vive, sus bosques, sus mares, sus desiertos, el agujero en la capa de ozono, Hiroshima y Nagasaki, las ballenas y todos los demás animales extinguidos o en vías de por culpa de la mano criminal y su caza indiscriminada. Como decía más arriba, vivimos la terrible paradoja de que un planeta que tiene la mayor parte de su superficie cubierta de agua, se está quedando sin ella y las reservas acuíferas naturales están pasando a ser peligrosamente codiciadas. Somos la única especie que caza solo por deporte y no para alimentarse, que mata a sus crías aun antes de nacer, que llama a la pérdida innecesaria y criminal de vidas humanas “daños colaterales”. Vivimos en un planeta inmensamente rico pero donde todos los días mueren miles de niños de hambre. Naciones enteras sucumben ante la miseria y la hambruna mientras un solo hombre acumula riquezas que pagarían la deuda externa de varios países, y no hay solo uno.

Pero ¿cómo entender esto, que la misma especie que acunó la inconmensurable belleza de la obra de Mozart o Miguel Angel o tantos otros seres maravillosos, prohijara también las atrocidades de un Hitler, para nombrar el más representativo aunque, por desgracia no el único?. El Dr. Stanislav Grof, uno de los fundadores de la Psicología Transpersonal, tiene una teoría que tiene tanto de revolucionaria como de interesante. El sostiene que las explicaciones que hasta el momento ha intentado dar la ciencia tradicional, han sido poco convincentes y débiles. Según él, “la imagen del hombre como ‘mono indefenso’ que alberga instintos homicidas heredados de su pasado animal, no explica lo que el psicoanalista Erich Fromm denominó ‘agresión maligna’, que es exclusivamente humana.”[2] De la misma forma que el modelo biográfico tradicional encuentra serias dificultades en su intento de dar cuenta de la psicopatología individual, resulta por demás insuficiente al intentar explicar la psicopatología masiva de todas las atrocidades y aberraciones que el hombre ha cometido a lo largo de la historia. Como dice el Dr. Grof, “los traumas psicológicos asociados con experiencias que plasman nuestra psiquis después del nacimiento no son suficientes para explicar los horrores del nazismo, las atrocidades del régimen stalinista o la conducta monstruosa relacionada con el Apartheid”.[3] Solo cuando incluimos los aspectos perinatales y traspersonales que se observan en los estados no ordinarios de conciencia, todo esto de lo que venimos hablando pasa a ser más comprensible.

El Dr. Grof lleva más de 40 años investigando los estados no ordinarios de conciencia provocados en una primera instancia, a partir de experiencias con LSD pero que luego continuaron con una técnica creada por su esposa Cristina y él mismo, que dieron en llamar Respiración holotrópica y que consiste en una combinación de un modo de respiración más rápido y profundo del habitual, con música evocativa perteneciente a las más diversas culturas y un tipo específico de trabajo corporal. Como resultado de esas investigaciones, el Dr. Grof ha llegado a la innegable evidencia de que muchas de las condiciones que la psiquiatría tradicional considera patológicas o estrafalarias, son manifestaciones naturales de la dinámica profunda de la psiquis humana y a partir de allí, ha llegado a la conclusión de que el modelo utilizado hasta ahora por la psicología y la psiquiatría es insuficiente para dar cuenta de estos fenómenos. Como resultado de su trabajo ha desarrollado un modelo que permite una comprensión mucho más amplia del psiquismo y que incluye tres niveles o reinos, como él los ha dado en llamar. El primero es el nivel biográfico tradicional que contiene los aspectos estudiados por las distintas corrientes psicológicas y que hacen referencia a la primera y segunda infancia y a la vida posterior. El segundo nivel es el perinatal que incluye todas las experiencias relacionadas con la vida intrauterina y el trauma del nacimiento. Por último, el tercer nivel es el transpersonal, que va más allá de las coordenadas de espacio-tiempo y de nuestras fronteras corporales y de nuestro yo personal y que representa una conexión directa entre nuestra psiquis individual, el inconsciente colectivo y el universo entero.

Por lo tanto, los estudios del Dr. Grof llevan a la conclusión de que muchas emociones extremas pueden tener origen en la lucha de vida o muerte que lleva implícita el trauma del nacimiento y que, dado que este es un hecho que todos compartimos, tiene la capacidad de provocar aberraciones psicológicas masivas en las que una multitud de personas comparten una experiencia de tremenda furia inconsciente a la que contribuirían los arquetipos del inconsciente colectivo y su extraordinario poder para eliminar todas las fronteras individuales.

Por supuesto que todo este planteo no pretende desconocer que la guerra, por ejemplo, involucra factores no solo psicológicos sino también históricos, económicos, sociales y políticos. La idea es ampliar al máximo la conciencia incluyendo elementos que hasta ahora fueron dejados de lado, yo diría que de forma muy significativa.

Las investigaciones llevadas a cabo por la denominada Psicohistoria parecen coincidir con las observaciones realizadas de estados no ordinarios de conciencia, en que todos llevamos en las profundidades de nuestro inconsciente poderosas energías y emociones asociadas al trauma del nacimiento, que no hemos asimilado, y por lo tanto dominado adecuadamente. Cuando ese material es activado desde el interior o desencadenado por hechos del mundo exterior, puede producir extrañas psicopatologías individuales, incluida la violencia sin causa real aparente y que, cuando se producen simultáneamente en grandes cantidades de personas y son canalizadas por un líder, como Hitler por ejemplo, que también esté influido por las mismas energías perinatales y además posee el poder de manipular la conducta colectiva de una nación, lleven a la posibilidad de renegar de los sentimientos inaceptables y proyectarlos en una situación exterior en la cual el enemigo se convierte en el culpable del malestar colectivo y la guerra es la solución. A la luz de todos estos planteos, no sería mala idea tratar de trascender lo obvio para intentar aproximarnos a cuáles pueden ser las profundas motivaciones que estén influyendo en esta nueva escalada bélica de la que estamos siendo testigos y sobre la cual solo parece que existen explicaciones económicas o geo-políticas si nos atenemos exclusivamente a lo que los distintos medios de prensa nos ofrecen.

El Dr. Grof se pregunta si el fracaso de los diferentes esfuerzos por corregir el actual curso de los acontecimientos no se deberá a que ninguno de ellos toma en cuenta a la psiquis humana y el nivel evolutivo presente de nuestra conciencia, que, según él, representa el mayor obstáculo que enfrentamos como especie.

Vivimos en un mundo que tiene riquezas suficientes para asegurar un buen nivel de vida para todos y cada uno de sus habitantes, sin embargo miles de personas mueren de hambre diariamente. La ciencia moderna posee los conocimientos necesarios para desarrollar remedios eficaces para combatir cualquier tipo de enfermedad o fuentes de energía limpias y renovables. Sin embargo se produce un despilfarro cada vez más insensato de los recursos naturales, estamos contaminando nuestro mundo de forma irreversible y se dilapidan cantidades inimaginables de dinero, energía y recursos intelectuales en crear armamentos cada vez más sofisticados.

Todo parece indicar que vamos en una carrera desenfrenada hacia nuestra aniquilación y la de nuestro planeta.

Todos hemos sido testigos de cómo miles de millones de dólares fueron arrojados en forma de misiles sobre Irak matando todo lo que se interpusiera en su camino, y de cómo, para justificar ello, el presidente de la más grande potencia del mundo mentía flagrantemente a la ONU sin que eso tuviese la más mínima consecuencia para él. La excusa es la misma de siempre, “hay un tirano que es un peligro para la paz mundial y hay que destruirlo”, no importa si en el intento destruimos también a su país con todos sus habitantes dentro, tal vez ellos se lo merezcan por no “haberse dejado liberar”. El daño que esta nueva demostración de locura colectiva dejará es inconmensurable. Y no solo en Irak, Afganistán, la franja de Gaza, o donde sea, si algo se ha logrado con la globalización es que tomemos contacto directo con la idea de que, como partes del tejido de una red que somos, lo que allí ocurra nos afectará directamente, ya no podemos permanecer ajenos a ello. Y lo que es más aberrante aún, el desarrollo impresionante de las comunicaciones nos permite observar en tiempo real como los “carroñeros” de siempre se pelean para ver como se repartirán loa suculentos contratos que la “reconstrucción” de toda la destrucción que estás guerras dejaran.

Es realmente espeluznante, pero ¿qué nos puede extrañar, si ha sido la constante de toda la historia moderna? Tal vez la diferencia mayor este dada por el hecho de que los mismos avances tecnológicos que facilitan la precisión de sus misiles son los que nos permiten estar en contacto directo con todo lo que ocurre escapando muchas veces a su control. Los satélites nos permiten ver sus cadenas noticiosas a las que pueden manipular y censurar, pero también nos permiten ver a las del resto del mundo sobre las cuales no tienen control. La Internet, uno de sus inventos más maravillosos, se les ha escapado de las manos y nos permite estar conectados con todo el mundo como nunca antes, en toda la historia de la humanidad pudimos estarlo y esto implica un movimiento sin precedentes en nuestra visión del mundo, un verdadero impacto en nuestro “punto de encaje” que debe traer aparejada una verdadera revolución interior. Esta es nuestra única alternativa, dar un salto de proporciones sin precedentes en el proceso evolutivo de nuestra conciencia. Como dice el Dr. Grof, “no existen intervenciones externas que puedan crear un mundo mejor, a menos que vayan acompañadas por una profunda trasformación de la conciencia humana”.[4]

Porque no nos engañemos, todos somos en alguna medida responsables de lo que está pasando. Todos y cada uno de nosotros somos “predadores”. Lo somos de nuestros hijos cuando queremos que sean como a nosotros nos parece que deben ser y cuando les impedimos entrar en contacto con su propio poder y que de esa forma se tornen cada vez más autosuficientes e independientes, porque nos aterra renunciar a nuestra autoridad en cuanto poder de mandar y control sobre ellos. Lo somos de nuestros subordinados cuando pretendemos imponer una determinada forma de trabajar sin escuchar siquiera sus opiniones al respecto, lo somos de nuestras parejas cuando olvidamos que si somos “parejos” entonces debemos compartir por igual el poder en la relación de forma horizontal y no pretender imponernos, y lo somos con nosotros mismos cuando depredamos nuestros afectos, nuestro propio poder personal y nuestra autoridad porque ello implica asumir nuestra responsabilidad sin tener en cuenta que rehuir a ella implica depositarla en manos de quienes detentan el poder con el consiguiente riesgo que esto implica. En “Pertenecer al Universo”, Capra pone un ejemplo que deja bien en claro esto de lo que estoy hablando. El dice que “en el antiguo paradigma, el médico es la autoridad respecto de la salud del paciente, tiene el poder de decidir si estás sano o no y de qué hacer al respecto. En el nuevo paradigma, el médico actúa mucho más como un consejero y ayuda en el proceso de curación que es realmente organizado por el paciente. Es muy superior la responsabilidad individual en la salud y así poder y responsabilidad se hallan realmente integrados”.[5] Este ejemplo puede y debe ser aplicado a todos los aspectos de nuestra vida.

Por eso, un cambio profundo en nuestra conciencia, que nos permita reasumir nuestra autoridad y poder y por ende nuestra responsabilidad individual y colectiva, es lo único que puede permitir alentar la esperanza de tener un mundo mejor para legarle a las generaciones venideras.



[1] Carlos CASTANEDA, “El lado activo del Infinito”, págs. 280-281.

[2] Stanislav GROF, "La mente holotrópica", pág. 231.

[3] Stanislav GROF, “La mente holotrópica”, pág. 231

[4] Stanislav GROF, “La mente holotrópica”, pág. 240.

[5] Fritjof CAPRA, “Pertenecer al Universo” pág. 240.